El proyecto económico de México de 1976 al 2000

El presidencialismo en el marco del Neoliberalismo en México.

El proyecto económico de 1976 al año 2000.

Antecedentes. La crisis y la reestructuración

Hacia la década de 1970 México y toda la América Latina se precipitan hacia una crisis desencadenada por el fracaso del modelo económico de sustitución de importaciones originando un endeudamiento externo y la necesidad de implantar un nuevo proyecto económico.

En el caso mexicano, este modelo de sustitución de importaciones entrará en debacle desde mediados de los años setenta luego del descenso en la producción agrícola ocasionada por la crisis que el campo mexicano venía arrastrando desde el pasado inmediato. En ese sentido la falta de un plan económico con perspectivas a un largo y mediano plazos por parte de los gobiernos de Luis Echeverría y específicamente de López Portillo provocarán una crisis del mercado interno. Esta crisis era ocasionada debido a diversos factores; como la incapacidad del estado para aumentar la productividad y producir artículos a más bajo costo y de mejor calidad. Esto no ayudo a que México pudiera incursionar en mercados externos y a la larga no hubiera un desarrollo equilibrado entre los diferentes sectores y ramas de la producción, provocando una integración interna que originara un crecimiento en los bienes de capital. Los problemas económicos de México, se fueron agravando a mediados de los setenta debido la desaceleración de crecimiento que se venía dando en la economía mundial y el consecuente clima de recesión imperante. México pasaría por dos períodos de crisis; uno en 1976 y otro en 1982. El primero ocasionado por la mala administración y la caída de los precios del petróleo. Luego de una efímera recuperación basada en el descubrimiento de nuevos yacimientos petrolíferos en el golfo de México llegamos al punto en el que hacia la segunda mitad de 1981, los descensos del precio del petróleo nuevamente así como de algunas materias primas, aunado al aumento de las tasas de interés y  la restricción de préstamos externos provocaron otra crisis económica para 1982. Estos fueron los principales puntos que marcaron la situación económica de ese periodo.

Luis Echeverría. El buitre y los halcones. 1970-1976

El primero de diciembre de 1970, Luis Echeverría Álvarez asumía la presidencia luego de vencer por amplia al candidato del PAN Efraín González Morfín. Hubo algunos avances en materia social durante el sexenio, aunque se iniciaría la guerra sucia contra las guerrillas del país; en ese sentido hubo muchos presos y desaparecidos políticos. Los sucesos emblemáticos de la represión social que marcarían el sexenio serían la masacre estudiantil del 10 de junio de 1971 y el golpe hacia el periódico Excélsior de Julio Scherer García; el cual representaba uno de los símbolos de la apertura democrática.

Para mediados de la década de1970 el panorama era desolador para México. El evidente fracaso del modelo de sustitución de importaciones, una gran crisis que venía arrastrando el campo desde los años sesenta,  y el descenso de los precios del petróleo par 1973 provocarían la peor crisis económica vivida por el país desde la revolución mexicana.

La crisis del campo obedecía al abandono en inversión y estructuras de reforma agraria que favorecieran al campesinado a desarrollarse dentro del económico global del país. La falta de un organizado plan de industrialización y urbanización obligó a los campesinos a huir de este abandono y conseguir empleos en las ciudades, en la industria u otras actividades económicas. Así después de que la agricultura proveía al México de los 50, 60 productos alimenticios baratos que favorecían la alimentación de la fuerza de trabajo industrial, además de la producción de materias primas para su exportación o su transformación. En ese sentido el problema del campo sería solo uno de los factores que agravarían la crisis.

Además de la crisis en el campo, estaba fresca en la memoria de México la crisis de estado vivida por el movimiento estudiantil de 1968. El presidente Echeverría abanderaba constantemente una propuesta política de conciliación con “tendencias de izquierda” en donde el estado intervenía con más notoriedad en la vida económica del país y ofrecía amnistía y cooperación con los actores del 68. Debido al movimiento estudiantil y a los brotes de guerrilla en algunos puntos del país provocaron que el gobierno incrementara el gasto público para satisfacer demandas sociales a cambio de la paz y la estabilidad.

El afán del gobierno por intervenir en la económica lo orilló a crear nuevas instituciones, empresas del Estado con más regulaciones, trámites y por supuesto personal que operara estas oficinas. Este aumento en el gasto público provocó que un aumento en el déficit fiscal y en los préstamos externos. Era cuestión de tiempo para que la economía colapsara. Las consecuencias de estas desastrosas políticas económicas fueron que el déficit fiscal en relación con el PIB creciera de 2.5% en 1971 a 10 % en 1975; la deuda pública creció de 6 700 millones de dólares en 1971 a 15 700 millones de dólares en 1975 y la tasa de inflación de 3.4% en 1969 a 13% entre 1973 y 1975[1].

Para 1976 la economía era un fracaso, la fuga de capitales reflejaba el caos vivido. El gobierno trató de mantener la tasa de cambio de la moneda mediante prestamos externos que amortiguaran las fugas de capital y haciendo uso de las reservas. Al poco tiempo las reservas se agotaron y por primera vez en la historia el peso quedó a la deriva flotando[2] en el mercado de cambios. El peso se devaluó 40%, y pasó de 12.50 a 23 pesos por dólar. El PIB disminuyó y la inflación creció. Era la primera vez en veinte años que México necesitaba del Fondo Monetario Internacional (FMI).

José López Portillo. El sexenio perdido

1976-1982

La crisis de 1976 duró poco y ahora, con el descubrimiento de nuevos yacimientos petrolíferos en Chiapas, Tabasco y Campeche, se desaprovecha la oportunidad de reestructurar al fin un proyecto económico serio que rectificara las irresponsables y perversas administraciones anteriores. En ese sentido Heberto Castillo declaró que la solución estaba en regresar al modelo económico cardenista[3] y dedicar la producción nacional al consumo interno. La política económica de López-Portillo (si es que se le puede llamar así) era ingenuamente torpe, inútil e incompetente.

La llegada al poder de un hombre con capacidades nulas de hombre de estado, sin ética e irresponsable llevarían a México hacia un sexenio perdido; donde al final, hacia 1982, la crisis era aún peor que en 1976. La devaluación volvería a hacer estragos y al final la irrupción del neoliberalismo vendría a ser la tardía salida a un problema viciado, frecuente, viejo y que traicionaba en todos los niveles la vida política e institucional que se venía sorteando para México desde la Revolución Mexicana.

Los principales aspectos económicos a resaltar de este sexenio fueron una mala apuesta hacia el crecimiento mediante la exportación de petróleo. Se acrecentó el gasto y el déficit fiscal en aras de seguir este plan y al final del sexenio hacia 1982-1982 los precios del petróleo descendieron. El déficit fiscal de México durante los primeros años del sexenio era de 7%. Para 1982, el déficit era de 14%. En ese sentido “administrar la abundancia” de manera desordenada y sin fortalecimiento de la economía interna provocaron este déficit que solo pudo resolverse haciendo usos de las reservas; que, al poco tiempo se agotaron. El escenario era desolador y los préstamos externos provocaron una devaluación de la moneda de 26 a 45 pesos por dólar. Para agosto de 1982, son las reservas agotadas, el gobierno anunció la conversión forzosa, de cuentas bancarias en dólares a pesos pero a una tasa de cambio mucho mas baja que la vigente. A estos dólares subvaluados se les llamo “mexdólares”[4]. Inmediatamente hubo una fuga de capitales, las relaciones Estado-iniciativa privada se deterioraron. En septiembre el gobierno para sorpresa de muchos y sin medir las consecuencias nacionalizó la banca.

Los indicadores económicos para 1982[5] fueron una drástica devaluación del peso, la disminución de la actividad económica (el PIB descendió 0.6%), una inflación de 100%, la disminución de las reservas a solo 18 000 millones de dólares (aproximadamente lo que se importaba de mercancías en un mes) y un tremendo caos en los mercados financieros.

Miguel de la Madrid.- Recuento de los daños e inicio del neoliberalismo.

1982-1988.

En diciembre de 1982, cuando toma posesión como presidente Miguel de la Madrid; el proyecto de nación para México, de una potencia en ascenso, con una política exterior activa y en la búsqueda de un proyecto económico propio se verá muerto. Al final 1981, el déficit de cuenta corriente era de 10 800 millones de dólares; había crecido diez veces desde 1971. La deuda externa estaba en igual situación. De 4 543 millones de dólares en 1971, había crecido para 1981 a 48 700 millones de dólares y al finalizar 1982 estaba en 60 000 millones de dólares. Si a esta cantidad se le añade la deuda externa de las empresas privadas, la deuda total para principios de 1983 sería de 87 588 millones de dólares[6]. Ahora México tendría que subordinar su economía a la de la inversión extranjera; es decir, a los Estados Unidos.

Los precios del petróleo seguían bajando y de la Madrid tuvo que iniciar su administración en un clima de desconfianza económica e incertidumbre por parte de los mexicanos hacia la figura presidencial. En el periodo 1982-1983 se vio una disminución de los salarios reales que afectó a todos los sectores y propicio más fuga de capitales. Sin recursos externos y con déficit en la balanza de pagos el país se vio obligado a suspender el pago de la deuda externa que para la época ascendía a 92 408 millones de dólares, equivalentes al 49% del PIB. Para hacer más preocupante la situación 46% de la deuda tenía que pagarse en un plazo máximo de tres años y 27% antes de concluir 1983.

Con la amenaza de declarar una moratoria y una inflación de más de 200% la política económica se volvió conservadora en extremo. La caída de la economía populista en América Latina y facilitó la instauración de este modelo, por lo que empezaron a renacer las ideas neoliberales en el comercio, la privatización y la desregulación económica. Este cambio en la política económica de México animó a algunos países a ofrecer nuevamente préstamos externos a México.

Para diciembre de 1982 el gobierno había anunciado su plan de estabilización económica conocido como Plan Inmediato de Reordenación Económica (PIRE). Este plan consistía de dos etapas[7]: la primera era un freno y replanteamiento total e inmediato de la economía en 1983 y un “régimen gradualista” que se aplicaría de 1984 a 1985. Para esto era necesario disminuir la demanda global para reducir la inflación y disminuir los salarios nominales mínimos, no a los observados, sino a los esperados, que eran menores.

El freno y replanteamiento inmediato se inició con una devaluación, un incremento en los impuestos y una disminución del gasto público. El gobierno mexicano y el FMI tenían previsto que con esto la inflación disminuyera de 100 a 55 y además se esperaba una disminución en el déficit de cuenta corriente en 2 000 millones de dólares.

La deuda de 92 000 millones de pesos (62% de los ingresos por exportación) necesitaba una solución. El gobierno negoció la forma de pagarla junto con un bloque de países latinoamericanos en condiciones similares. Finalmente entre 1983 y 1985 un 7) del PIB estaba destinado a pagar la deuda externa.

Aún con estas medidas del PIRE, la inflación no disminuyó como se tenía esperado y para 1984 se registró un aumento en las importaciones y una disminución en  las exportaciones. Hacia 1985 la situación empeoró con una nueva disminución del 11% en el precio del petróleo. Para mediados de 1985, como la situación económica mexicana no mejoraba, el FMI retiró su apoyo. El fracaso del programa de recuperación económica se explicó debido a que las medidas para reducir la inflación y corregir el desequilibrio de la balanza de pagos no era el adecuado; no se hicieron las reformas políticas e institucionales necesarias y no se avanzó en la liberación del comercio.

El gobierno de México adoptó medidas fiscales y monetarias más estrictas al ver que la situación no mejoraba para 1985. En ese año se dieron los primeros pasos para la liberación del comercio que años después culminaría con el Tratado de Libre Comercio con América del Norte (TLCAN) o Tratado de Libre Comercio (TLC).

La estabilización puesta en marcha parecía funcionar en 1985; cuando el PIB volvía a crecer y la inflación anual se congelaba en 60%. Sin embargo, luego del temblor de 1985, el precio del petróleo volvería a descender para 1986 (de 25 dólares a 12). El petróleo representaba para México el 68% de sus importaciones por lo que la situación se volvió a tornar difícil. Los bancos internacionales acordaron un nuevo préstamo para México de 6 000 millones de dólares y se negoció 83% de la deuda, cumpliendo con un pago principal a veinte años.

Para 1987 al fin parecía que las medidas aplicadas comenzaban  a rendir frutos. El Banco de México logró acumular 7 000 millones de dólares en reservas y la mayoría de las empresas observaron una mejoría. Con esto para tratar de bajar la inflación se adoptó un acuerdo entre gobierno y los sectores obreros campesinos y el sector empresarial para no subir los precios, no exigir demandas sociales en salarios y no elevar las ganancias. A este acuerdo se le conoció como Pacto de Solidaridad Económica (PSE) que, más adelante, cambiaría su nombre por el de Pacto para la Estabilidad y el Crecimiento Económico (PECE). El aspecto más controvertido del PSE fue la liberalización del comercio. Durante esa época el la tarifa máxima a las importaciones se redujo de 40% a 20% y todos los permisos se eliminaron con excepción de productos farmacéuticos, agrícolas y automóviles. De 1982 a 1986, el gobierno tenía que aprobar permisos para el 92% de todas las importaciones. En 1987 los permisos se redujeron para 20% de las importaciones. Por si esto fuera poco, la tarifa arancelaria paso de 24% en 1982 a 11.8% en 1987. La liberalización del comercio se mostraba favorable por esa época. La mayoría de las empresas nacionales no habían sido afectadas por la competencia extranjera y se registraban ganancias considerables.

Al final el PSE redujo la inflación pero no se veía crecimiento económico por ningún lado. El caso mexicano reflejaba que una disciplina fiscal y ciertas reformas estructurales son necesarias pero no suficientes para el crecimiento económico. El sexenio perdido de López Portillo y el desplome del petróleo al final pesarían gravemente en la situación de México. Para 1985 el precio del barril del petróleo paso de 20 a 10 dólares[8]. Este desplome significó para México una pérdida de 8 000 millones de dólares, cifra superior a toda la nómina gubernamental o al PIB agropecuario de ese año.

Para compensar esta nueva problemática el gobierno anunció otro plan para 1987 conocido como el Programa de Aliento y Crecimiento (PAC), cuya meta era ahora además de reducir la inflación lograr un crecimiento económico real. Aún con este plan la economía solo logró crecer hasta el tercer trimestre de 1987. Luego de que la inflación volviera a crecer Miguel de la Madrid convocó el 15 de diciembre de 1987 a los sectores  obrero, campesino y territorial para firmar el PSE. No bastaba que las políticas se impulsaran desde el gobierno; se necesitaba un compromiso total de todos los actores económicos.

En resumen, durante la administración de Miguel de la Madrid se aplicaron tres políticas económicas de importancia: la liberación del comercio (aunque algo excesiva y sin medir las consecuencias aceptaría alguna vez el mismo de la Madrid), el PSE y la disminución de la participación del gobierno en la vida económica. En ese sentido quizá el más grande logro de la administración fue recomponer en la medida de lo posible el desastre económico que vivía el país y sentar las bases para que el siguiente gobierno pudiera instaurar el nuevo modelo desde una posición más conveniente. El primero de diciembre de 1988, Miguel de la Madrid dejaba de ser presidente de México.

Carlos Salinas. El hundimiento y el fin del PRI.

1988 – 1994

En el marco de la difícil recuperación económica mexicana al final del sexenio de Miguel de la Madrid, el 6 de julio se realizaron las elecciones para presidente de la república, en las que contendieron Carlos Salinas por el PRI, Manuel J. Clouthier por el PAN y Cuauhtémoc Cárdenas por el PRD. El aparato político priista se veía preocupado y en la necesidad de mostrar avances en la economía luego de que la confianza que la gente depositaba en el partido estuviera perdida luego de dos crisis propiciadas por el presidencialismo priista. En este escenario, la gente le daría la espalda al país del PRI al registrarse un abstencionismo del 52% de los electores[9]. Además la legitimidad de Salinas se derrumbó luego de que tuviera que ser declarado ganador tras una “caída del sistema de cómputo”. Como ya era costumbre Salinas anunció un plan económico para seguir con las medidas que redujeran la inflación y que propiciaran crecimiento económico. Este plan fue el Pacto para la Estabilidad y Crecimiento Económico que durante su administración se renovó en cuatro ocasiones, dos en 1989 y dos en 1990[10].

El gobierno señalaba que la recuperación económica solamente era posible con el regreso de los capitales que habían salido del país en pasadas administraciones. Se calculaba entonces que los recursos salidos transferidos al exterior equivalían a casi 6% del PIB anual. Para lograr recuperar las inversiones el gobierno puso en marcha estímulos que repatriarían capitales y atraerían nuevos, el objetivo era mostrar que la economía mexicana presentaba un panorama favorable para la inversión ante Estados Unidos y el Mundo.

Aún con estas medidas, el crecimiento no parecía llegar por ningún lado por lo que se tomaron dos medidas de largo alcance. Reprivatizar los bancos en 1990 con lo que se planeaba estimular el regreso de los capitales y disminuir las tasas de interés y además iniciar las negociaciones del TLC entre México, Canadá y Estados Unidos.

Las medidas aplicadas lograron restablecer en parte la confianza del sector privado en la economía nacional y el gobierno. Se calcula que de enero a septiembre el monto de flujo de capitales que regresó a México fue de alrededor de 15 000 millones de dólares.

Desde la administración de Miguel de la Madrid se venía discutiendo desde diversos foros y desde diversas perspectivas la carga y el gasto público que representaban las empresas en propiedad del gobierno. Cerrando el sexenio de Miguel de la Madrid se habían dado los primeros pasos para privatizar estas empresas pero fue el gobierno de Salinas quien finalmente llevó a últimas instancias esta medida vendiendo, cerrando o casi regalando la mayoría de las empresas del gobierno. En ese sentido la estrategia de disminuir la intervención en materia económica por parte del gobierno salvo en “áreas estratégicas” según el discurso oficial arrojó los siguientes datos[11]. En 1983 el gobierno tenía el control o era propietario de 1 155 empresas, pero ya para 1988 se habían vendido 130 al sector privado, 526 se habían liquidado y 496 aún estaban en manos del gobierno o en proceso de cerrarse o venderse. En 1993, la venta de estas empresas representó para el gobierno recursos por más de 25 000 millones de dólares.

Paralelo a la privatización, el gobierno llevo a cabo una medida para disminuir trámites y trabas burocráticas en la actividad económica del sector privado. Finalmente terminando 1991 parecía que la economía mexicana empezaba a crecer. Ese año la inflación fue de 18% y el crecimiento de 3.6%; sin embargo pronto aparecieron señales de peligro para este crecimiento; principalmente el déficit comercial que crecía rápidamente.

Al final el aspecto económico referente del sexenio de Salinas fue la instauración del Tratado de Libre Comercio – TLC (o TLCAN – Tratado de Libre Comercio con América del Norte). Desde finales del sexenio de Miguel de la Madrid, la Fundación Ford organizó una Comisión Binacional para el Futuro de las Relaciones México-Estados Unidos[12]. Integrada por políticos, empresarios, académicos e intelectuales que en el marco de lo que serían las administraciones de Salinas y Bush proponía la incorporación de México a un bloque económico con Estados Unidos y Canadá similar al que ya operaba en Europa (Comunidad Económica Europea). El programa incluía un acuerdo bilateral sobre trabajadores migratorios y una propuesta de solución al narcotráfico que consistía en desmantelar redes de producción en México al mismo tiempo que Estados Unidos implementara medidas para reducir el consumo Finalmente en materia de educación y comunicación se proponía desarrollar programas conjuntamente para un mejor acercamiento y entendimiento entre ambas sociedades. Las negociaciones dejaron de ser secretas para 1989 pues se convirtieron en el centro del proyecto político mexicano y finalmente en 1993 entra en vigor como el Tratado de Libre Comercio con América del Norte (TLCAN). De esta manera México se convirtió en el primer país latinoamericano en adherirse a un bloque centrado y comandado por Estados Unidos; la potencia económica más grande cerrado el siglo XX.

Sin embargo aún con el TLC en marcha, y la reducción de la inflación, la economía entraría en la recesión más grande hacia 1994-1995; desencadenada por la fuga masiva de capitales nacionales y extranjeros tras el levantamiento del EZLN en Chiapas y la inestabilidad política debida a las elecciones de 1994.

El levantamiento del EZLN en Chiapas el primero de enero de 1994 marca un antes y un después en la economía mexicana. A pesar de que el gobierno de Salinas logró reducir la inflación a 8% en 1993 de 52% en 1988[13], la desconfianza generada por la situación política ocasionó nuevamente que la inversión extranjera retirara sus capitales. Además el largo período en el que se sometió a México a programas de estabilización provocó una drástica disminución del crecimiento y del nivel de los salarios reales, del ingreso per cápita y del nivel de vida de la población.

En 1994 es conveniente dividir el análisis económico en un antes y un después del primero de enero de 1994, año en que inicia en el estado de Chiapas el levantamiento del EZLN; aspecto que cambió el escenario político y económico de México. Meses después el candidato del PRI a la presidencia Luis Donaldo Colosio fue asesinado, junto con el secretario general del PRI José Francisco Ruiz Massieu algunos meses después. Inmediatamente se desató una ola de conjeturas  en torno a los crímenes. El drama político y la lucha por el poder detrás del ya totalmente desprestigiado PRI, a la larga significaría el fin del partido oficial.

El 29 de marzo se anunció que el coordinador de campaña de Luis Donaldo Colosio, Ernesto Zedillo Ponce de León sería el nuevo candidato. Al protestar como candidato Zedillo exclamó que asumiría el programa de Colosio y exigió el esclarecimiento del crimen. Luego entró en campaña aunque con muchas más precauciones que su antecesor. Prefería los lugares cerrados a estar en contacto directo con la gente; utilizando además ampliamente los medios[14]. Cuauhtémoc Cárdenas había apostado por una campaña de provincia a diferencia de Diego Fernández de Cevallos, que le apostaría por las grandes ciudades. Cárdenas venía de una campaña épica iniciada desde 1988 enmarcada en el discurso del fraude y en conflicto directo con el presidente Salinas que declaraba a Cárdenas disidente, provocador de brotes violentos en el país y un político de extrema izquierda luego de la fundación del PRD.

En las elecciones presidenciales de 1994 los resultados oficiales para el 27 de agosto según el IFE[15] fueron: Ernesto Zedillo 50.18% de los votos; Diego Fernández 26.69% y Cuauhtémoc Cárdenas 17.08%.

Ernesto Zedillo.- El rescate económico y la transición democrática.

Entre 1994-1995 la economía mexicana atravesó por la peor recesión de su historia. EL PIB se redujo 6.2% y las exportaciones resultaron insuficientes para contrarrestar la reducción de la demanda interna. No obstante se mantenía un moderado optimismo y se esperaba que para 1996 el crecimiento fuera de 4% (PIB)[16].

Hubo un notable crecimiento en las exportaciones para 1995 centrado en el comercio de productos manufacturados que significaron más de un 80% de las exportaciones.[17]A pesar de esta mejoría la leve mejora en la cuenta corriente se vio marginada por el aumento de las importaciones. El crecimiento de las exportaciones en 1995 era de 36%, casi el doble de lo que lo fueron en 1994; año en que técnicamente entró en vigor el TLC[18]. En el ámbito social el consumo privado disminuyó 7% debido a que la población disponía de ingresos reales más bajos. Además de la disminución de los salarios y el empleo la instauración del IVA para 1995 significó una adversidad más para los mexicanos.

Luego del adverso panorama económico dejado por Carlos Salinas, el gobierno decidió devaluar la moneda desde el inicio del sexenio (1994)para estimular las exportaciones. Con esto los productos mexicanos se hicieron relativamente más baratos para quienes compraban nuestras exportaciones. A pesar de que con la devaluación, la demanda y el mercado interno se veían mermados, el auge de las exportaciones estabilizó al final la vida económica.

Mientras la recesión terminaba México recibió ayuda una vez más por parte de los Estados Unido el FMI y hasta de Canadá para hacer frente a las adversidades. Para la primera semana de julio de 1995 México recibió 22 500 millones de dólares. 12 500 millones de dólares del Tesoro y Reserva Federal de Estados Unidos, 300 millones del banco de Canadá el resto del FMI[19]. Estos recursos deberían ser destinados a tres propósitos: redimir los TESOBONOS (valores atados al dólar) que habían llegado a su vencimiento; refinanciar obligaciones en divisas de bancos comerciales y otros certificados de depósito en moneda extranjera y fortalecer las reservas de divisas[20].

Hacia el año de 1998, la balanza comercial se vio desfavorable debido al aumento de la demanda interna y  a la disminución de los precios del petróleo. El Banco de México propuso un “corto” en la economía con el propósito de disminuir la cantidad de dinero en circulación y la tasa de cambio. Esta política restrictiva que provocaría una disminución del consumo interno del 4% y el corte en la generación de 200 000 empleos se veía necesaria para disminuir la inflación.

En marzo de 1998 se anunció una reforma positiva; el Banco de México sustituiría a la Secretaría de Hacienda en el control de la política cambiaria y regulación del sistema financiero. Esta medida daría independencia al Banco Central para diseñar una política monetaria de largo plazo sin estar sujeto a los vaivenes y exigencias oportunistas de los gobiernos.

Para 1998 el balance del gobierno de Zedillo eran los siguientes: a tres años de la crisis de 1994 la producción per cápita era solo 3% mayor. El empleo en el sector formal era 12% mayor que en 1994, sin embargo los salarios seguían siendo 20% inferiores a los de 1994. El déficit de la cuenta corriente había disminuido y ahora representaba el 3% del PIB; esto principalmente debido al incremento de las exportaciones petroleras y al incremento (20.3%) de las exportaciones de maquiladoras.

Parecía que el objetivo de evitar una crisis económica para el año 2000 se estaba cumpliendo; sin embargo había cuatro aspectos principales que marcaban las debilidades del proyecto económico de Zedillo[21]. La fragilidad de las finanzas públicas, la debilidad del sistema bancario, el atraso del aparato productivo y los elevados índices de pobreza y marginación social.

En ese sentido la estabilidad económica estaba asegurada para la transición democrática que viviría México en el año 2000. A cambio de carencias en ciertos sectores de la población Zedillo pudo heredar un escenario económico favorable para Vicente Fox. El gran cambió político que viviría México con la salida del PRI en materia económica no representaría cambio alguno. Tanto el gobierno de Fox como el de Calderón continuarían con las políticas neoliberalistas iniciadas por el PRI desde Miguel de la Madrid. Al final visto desde la perspectiva del presente, el cambio democrático en México, sería solamente un cambio de colores en la silla presidencial; el proyecto económico y la vida nacional, sigue siendo la misma.

Bibliografía

Ilán Bizberg, Lorenzo Meyer, Manuel Gollás et. Al.; Una historia contemporánea de México: transformaciones y permanencias; Ed. Océano; México 2003.

Enrique Krauze; La presidencia imperial; Ed. Tusquets; México 1997.

Lorenzo Meyer; “La encrucijada”, en Historia General de México, t. 4; El Colegio de México(ed.); México 1976.

Andrés Manuel López Obrador; La gran tentación. El petróleo de México; Ed. Grijalbo; México 2008.

Isabel Ruedo Peiro; México: crisis, reestructuración social, económica y política; Ed. Siglo XXI; México 1998.


[1] Manuel Gollás; Breve relato de cincuenta años de política económica; en Una historia contemporánea de México: Transformaciones y permanencias; Ed. Océano; México 2003.

[2]  [Cuando el valor de una moneda respecto en términos de otra (el precio de su tasa de cambio) la fija exclusivamente la interacción de la oferta y la demanda de esa moneda, sin intervención del gobierno o de otra institución, se dice que la tasa de cambio se determinó mediante el mecanismo de “flotación libre”].

En Manuel Gollás; Op. Cit.

[3] Andrés Manuel López Obrador; La gran tentación. El petróleo de México;  Ed. Grijalbo; México 2008.

[4] Manuel Gollás; Op. Cit.

[5] Manuel Gollás; Op. Cit.

[6] Cifras de Lorenzo Meyer; Estados Unidos: de la vecindad distante a la proximidad difícil; en Una historia contemporánea de México: Transformaciones y permanencias; Ed. Océano; México 2003.

[7] Manuel Gollás; op. Cit.

[8] Manuel Golás; op. Cit.

[9] Isabel Rueda Peiro; México: reestructuración política, social y económica; Ed. Siglo XXI; México 1998.

[10] Manuel Gollás; op. Cit.

[11] Manuel Gollás; óp. Cit.

[12] Lorenzo Meyer; óp. Cit.

[13] Manuel Gollás; óp. Cit.

[14] Isabel Rueda; óp. Cit.

[15] Isabel Rueda; óp. Cit.

[16] Manuel Gollás; op. Cit.

[17] Manuel Gollás; op. Cit.

[18] Manuel Gollás; op. Cit.

[19] Manuel Gollás; op. Cit.

[20] Manuel Gollás; op. Cit.

[21] Manuel Gollás; op. Cit.

 

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Professor and Musician.
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