J. Antonio Seda – Proyecto “Montes de Oca”

Ética profesional y metodología con relación al trabajo etnográfico con personas internadas con retraso mental.

Por Juan Antonio Seda (*)

*Profesor en Ciencias Antropológicos. Universidad de Buenos Aires.

La transparencia en la investigación.

En este primer apartado, el autor nos plantea un escenario de inicio en el cual quiere plantear algunos debates éticos acerca de una investigación etnográfica que él realizaba en la Colonia Montes de Oca, una institución estatal de internación de personas con retraso mental ubicada en una locación rural a 80 km. De la ciudad de Buenos Aires. Su objetivo era proponer la búsqueda de pautas normativas para el desempeño profesional de un antropólogo.

Al comenzar con esta búsqueda, el autor tropieza con la situación de no contar con un código normativo o ético dentro del gremio de antropólogos para su país, por lo que compara los códigos de Estados Unidos (American Anthropologists Asociation – AAA), la Asociación brasileña de Antropología (ABA), la guía ética de la Association of Social Anthropologist de Gran Bretaña y la propuesta del código del Colegio de Antropólogos de Chile, y los utiliza de manera frecuente a lo largo de su planteamiento.

El primer rasgo a destacar es que el antropólogo debe ser transparente  con todas las personas afectadas por la investigación acerca de los propósitos, impactos potenciales, y financiamiento de los proyectos de investigación, lo cual requiere una explicación sobre su presencia y su actuar en un lugar determinado.  En el caso de J. Antonio, al  abordar este aspecto en el proyecto  “Montes de Oca” relata como era difícil explicarles a los internos su objetivo debido al desconocimiento de lo que hace un antropólogo por parte de ellos; lo que eventualmente provocó que lo llamaran “maestro” por llevar consigo lápiz, papel y grabadora.

Con respecto a  las personas que trabajaban en el pabellón, J. Antonio comenta que  el encargado le facilito el ingresar, observar y conversar con quien él quisiera; ofreciendo incluso una entrevista y asistencia hacia cualquier duda. Mientras que él por su parte informó detalladamente del objetivo de su investigación. Acá J. Antonio plantea la primera problemática al notar como un trabajador público investido con el deber de cuidar otras personas, hará lo posible por seleccionar la información que quiere transmitir al antropólogo en vez de dar a conocer fielmente la perspectiva buscada por este.

El consentimiento de las entrevistas.

Las personas de la Colonia Montse de Oca han sido declaradas incapaces por  la autoridad judicial y por lo tanto no estarían en condiciones formales de presentar su consentimiento legal. Entonces, se designa a una persona que pueda fungir como su representante legal que se denomina “curador”, cargo que suele recaer en un familiar y en caso de que no lo haya en un funcionario del Ministerio Público designado por  el juzgado.

De acá J. Antonio pide permiso a los internos directamente pensando que  obtener el consentimiento de los encargados tomaría mucho tiempo y desde el entendido de que si comprenden el ejercicio al que se someterán por lo tanto son capaces de aceptarlo. Así les describe en que consistirá su entrevista pidiendo consentimiento para grabar la conversación y transcribir algunas partes. En todos los casos J. Antonio reproducía la grabación preguntando a los internos  si estaban de acuerdo mientras escuchaban su propia voz, a lo que todos respondieron afirmativamente. Así se inicia la recopilación del entorno social que estas personas viven en su condición, respetando su calidad de personas “incapacitadas” por encima de la etiqueta legal que los margina.

Compromiso con los derechos y reclamos.

En cuanto a la participación y compromiso social con las demandas del grupo en que inserta su investigación, el antropólogo no esta obligado a tomar la decisión de participar activamente. De acuerdo al código de la American Anthropologists Asociation esta decisión vendría a ser naturalmente una decisión individual y no una responsabilidad ética. El conflicto del autor en su caso lo lleva a recibir denuncias de parte de los internos acerca de maltrato y castigos  hacia ellos por parte del personal, a lo que el personal lo negaba todo, argumentando que las heridas que ellos portaban eran a causa de trifulcas entre ellos. Indagando más acerca del tema, J. Antonio logra capturar en sus entrevistas denuncias directas de maltrato hacia el personal del Internado lo que le hace vacilar acerca de su papel como antropólogo investigador y defensor de una ética profesional comprometida con la sociedad. El dilema que lo aborda ahora es qué hacer, a quién hacer caso o a quién recurrir, después de todo son personas con retraso, abandonadas o muy poco visitadas por su familia.

La necesidad de las asociaciones profesionales.

En resumen J. Antonio expone estos escenarios  que lo abordaron al momento de llevar a cabo su investigación.  El objetivo del autor es el proponer su caso como un punto de partida para el debate y la reflexión entre sus colegas del desenvolvimiento del antropólogo como profesional ante estas situaciones o cualquiera que se llegara a presentar. Sin embargo la reflexión y la propuesta quedan un poco estancadas debido al atraso de Argentina en sus espacios académicos para establecer de manera funcional un gremio de antropólogos y desahogar temas que van surgiendo en el desempeño de su oficio. Temas como este.

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Professor and Musician.
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