Adela Cortina – Viabilidad de la Ética en el mundo actual.

Viabilidad de la Ética en el mundo actual.

Adela Cortina.

Conferencia del Foro  “Las universidades de América Latina en la construcción de una globalización alternativa” organizado por  la Universidad Iberoamericana de Puebla del 7 al 10 de octubre del 2003.

Adela Cortina comienza por explicarnos el tema específico de su conferencia y señala la necesidad de definir ética antes de comenzar su discurso.

En una definición simple, Adela señala la distinción entre moral y ética atribuyendo a la primera la característica de reflexión en la vida cotidiana sin necesidad de un enfoque filosófico y la segunda como una reflexión precisamente más filosófica. Una vez hecha la distinción Adela indica que al final ambas categorías tienen como denominador común la forja del carácter en las personas, organizaciones e instituciones. De ahí se desprende la proyección de esta “forja de carácter”. ¿Hacia qué va dirigida esta forja de carácter? Adela expone dos elementos para esta proyección: la justicia y la felicidad. De este punto se desarrolla la idea acerca de una especie de identidad social del hombre a partir de esta proyección y el papel de la ética en este escenario dentro del concepto del ser humano como una estructura moral. Esto no sería más que el denotar el hecho de que como seres  humanos no estamos exentos a tomar decisiones y a recibir estímulos en base a juicios de valor inscritos en la moralidad. Así las decisiones que tomamos y nuestra manera de actuar reflejan en una u otra medida nuestro nivel ético o moral. El punto más importante que se desprendería de esta introducción sería el hecho de reflexionar acerca  de cómo en el marco de la globalización queremos ir  construyendo nuestro mundo y desde que contenidos morales lo estamos haciendo. Esta reflexión se debe hacer racional y argumentativamente, añadiendo el  hecho de que en nuestra era hemos caído en cuenta de que no solo las personas somos estructuralmente morales; sino también las organizaciones y las instituciones.

Aquí se enmarca un contexto histórico acerca de la idealización de la moral y su incorporación de esta a la cotidianeidad. Primero Platón, que idealiza innumerables conceptos y Aristóteles, que se encarga de identificar estas ideas en el mundo real. Luego Kant que trabaja en la idea de los principios universales y Hegel, que sugiere insertar la moral de estos principios en las instituciones de los pueblos. Después de esta reflexión Adela concluye que en la época en que vivimos, hemos llegado a una propuesta de moral basada en derechos humanos alrededor de tres conceptos: libertad, igualdad y solidaridad.

De aquí señala la importancia de incorporar estos preceptos ideales de moral dentro de las instituciones de nuestra vida cotidiana: universidades, organizaciones mundiales, instituciones políticas, medios de comunicación social, etc. Y principalmente la importancia de tratar como un tema de importancia para las universidades las éticas aplicadas.

La ética aplicada tendría como objetivo el insertar la moralidad no solo en la formulación de modelos, o siendo moral en un plano individual, sino construir un comportamiento moral en las instituciones y organizaciones.

Haciendo énfasis en el contexto de la globalización como marco del foro, Adela señala el escenario de riesgo en el que un mundo globalizado se ha apresurado precisamente por padecer un débil perfil ético frente a los sistemas de organización política y económica.

Este escenario de “riesgo global” esta conformado por cuatro bloques. El riesgo ecológico, en donde estamos terminando con nuestros recursos naturales y el desarrollo sostenible y además contaminando el planeta; en otras palabras nosotros mismos ponemos a nuestro mundo en riesgo ecológico. El riesgo racial que vendría relacionado con una nueva plataforma para concebir racismo y originar prácticas raciales a partir de la biotecnología. Desde el enfoque de Adela, históricamente la gente aristocrática facilitaba la mejor educación para sus hijos; y ella prevé ahora, con la eugenesia, la posibilidad de que gente poderosa (económicamente) pague por ventajas genéticas en su descendencia antes del nacimiento. El riesgo bélico vendría a estar relacionado con el alcance tecnológico alcanzado hoy en día en la industria de las armas. La posibilidad de crear armas de destrucción masiva en la lucha de intereses y conflictos internacionales podría llevarnos a un escenario caótico. Y finalmente el riesgo económico. Una ciencia “económica” que no consigue que todos los seres del mundo tengan alimento es un fracaso como ciencia.

La manera de atacar estos riesgos desde la perspectiva de Adela es cambiando no solo nuestro actuar individual, sino nuestra estructura como sociedades a partir de varios puntos. El Banco Mundial señala que para que un país avance necesita cuatro tipos de capitales. El capital natural, el capital construido, el capital humano y el capital social. Estos capitales se describen rápidamente de la siguiente forma. El capital natural son los recursos naturales con los que cuenta un país; sin embargo, el poseer estos recursos no es suficiente, sino que los países deben estar preparados para aprovechar efectivamente estos recursos sin crear desigualdades, arbitrariedades o ineficiencia. El capital construido serían las infraestructuras, el capital comercial y el capital financiero. Pero él solo hecho de organizar un sistema funcional de los anteriores tres aspectos tampoco garantiza el crecimiento de un país a nivel económico. Se debe tener certeza de que las inversiones fructificarán en un ambiente favorable. Un país necesita garantizar seguridad social (no violencia) y estabilidad gubernamental (democracia sólida) para lo anterior.

Pero no solo son necesarios los capitales natural y construido. El capital humano esta relacionado con el nivel de vida de la población; la nutrición, salud, educación y libertad en un país. Y finalmente el capital social que estaría conformado por el papel que desarrolla una sociedad ya integrada a un buen nivel de vida dentro de las instituciones colaborando con el desarrollo de su comunidad aportando lo que se le exige como ciudadano y además retribuyendo las posibilidades que su comunidad le ofrece.

En todo este entramado de articular una sociedad cohesionada en la armonía y el progreso Adela señala tres modelos filosóficos identificables en el mundo actual: el modelo de Hobbes, el modelo de Rawls y el de la ética del discurso.

El modelo del individualismo posesivo hobbesiano, es el que dio paso a final de cuentas a la creación del capitalismo, en donde cada individuo es dueño de sus facultades y del producto de esas facultades. Este individualismo navega en el discurso de forjarse una propia condición en relación a la preparación que los individuos tenemos para hacer frente a la vida. Sin embargo esta situación va generando un punto en el que los que más tienen, más se les da; y los que menos tienen, lo poco que tienen se les quitará. Esto genera un abismo entre ricos y pobres que finalmente genera escenarios desastrosos en nuestros modelos como sociedad, ya que este modelo es el modelo imperante en la mayoría de las ciudades del mundo.

El segundo modelo es “el contrato político de Rawls”; en el que si bien los individuos también persiguen maximizar su bienestar, esa maximización debe estar en un marco razonable; esto equivaldría a darnos cuenta de que quien comparte las cargas comparte también los beneficios;” los que compartimos las cargas, debemos compartir los beneficios”.

Adela señala que este modelo esta propuesto desde una perspectiva optimista que no se ajusta a la realidad; una realidad en la que solo unos llevan las cargas y otros se llevan los beneficios; por lo que propone un tercer modelo que  ella denomina el de “reconocimiento moral”. Somos personas o individuos porque nos reconocen como tales y nosotros los reconocemos como tales; es la ética del reconocimiento recíproco, la ética de la alianza en la cual todos reconocemos tener un vínculo y estar integrados en una comunidad.

Para Adela el proceso de globalización se debe construir desde esta ética ya que se ha comprobado en todas las declaraciones internacionales que ahí esta la base de los derechos humanos.

El simpe ejercicio de registrar la perspectiva de nuestro tiempo y proyectar como sería nuestro futuro si seguimos con el individualismo posesivo y como sería si en vez de eso implantáramos “la ética del reconocimiento personal”. Evidentemente nos damos cuenta solo mediante toda esta reflexión el problema de nuestra sociedad e instituciones y entraríamos ahora en la dinámica de hacer la diferencia.

Si como seres humanos, identificamos un problema y culpamos al sistema, no debemos hacerlo solamente así. En el 68 la culpa de todo era del sistema, en el tiempo presente, la culpa de todo es de la globalización, y sino de los gobiernos o la iniciativa privada o lo que sea. Aquí lo importante es darnos cuenta que los problemas tienen nombre y apellido, y que todos nos debemos hacer responsables de nuestras acciones.

No solamente basta con preocuparnos por el futuro, sino estar conscientes que todo lo que hagamos hoy, tendrá una repercusión mañana. Y que siempre tenemos la posibilidad de proyectar como queremos ser en el futuro y que pese a las adversidades, nosotros somos capaces de anticiparnos a los problemas y de crear soluciones en forma de oportunidades de  desarrollo.

Uno de los principales problemas de nosotros es que no ocupamos nuestro lugar como ciudadanos con todo el peso que estamos obligados a ocupar, a proponer a actuar y a retribuir. El problema específico es que “los seres humanos queremos discursos, no acciones”. Nos conformamos con conocer la declaración universal de los derechos humanos, de saber que ahí esta o por lo menos saber que existe. Sin embargo en la vida diaria no demostramos nuestra presencia como alguien que colabora con su comunidad para resolver problemas y para ayudar a otros a resolver problemas ya ser conscientes de todas las esferas que involucran los derechos humanos y el hecho de convivir como sociedad. El insertar estas proclamas en nuestras instituciones, en las organizaciones mundiales y en el discurso de las nuevas generaciones para que haya un mínimo de justicia: derechos civiles y políticos, económicos, sociales y culturales; el derecho a la paz, a un medio ambiente sano y el derecho al desarrollo.

Si con el paso del tiempo, y empezando desde ahora, todos empezáramos a hacer un cambio real desde nuestra individualidad y las instituciones que nos rodean o nos identifican el nivel de vida y el convivir en una sociedad en armonía sería un factor alcanzable. La ética del reconocimiento personal nos ayudaría no solamente a nosotros, como comunidad; es una misión que debemos extenderla a planos universales; ayudar a nuestros países vecinos, proteger las culturas, reestructurar nuestras instituciones partiendo de las universidades. Las universidades que juegan un papel muy importante, en el que no solo sea un lugar en donde se transmita el conocimiento, sino un lugar en donde se construyan proyectos y se eduque e informe a las nuevas generaciones que heredarán con un poco de esfuerzo el escenario futuro que nosotros estamos construyendo ahora.

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Professor and Musician.
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