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Este es un esbozo biográfico acerca de Miguel Hidalgo y la primera etapa del movimiento independentista de México. Se enfoca principalmente en el aspecto militar y político.

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Hidalgo y la primera etapa del movimiento independentista

Introducción

Miguel Hidalgo y Costilla nació en la hacienda de Corralejo ubicada en las inmediaciones de Pénjamo en la intendencia de Guanajuato el 8 de mayo de 1753. Su padre Cristóbal Hidalgo era un criollo hacendado de posición acomodada; y su madre se llamaba Ana Gallaga. El matrimonio procreó cinco hijos, de los cuales Hidalgo era el segundo. El mayor era José Joaquín, que también se volvió sacerdote; el tercero era Mariano, que se encargaba de la administración de las haciendas y en el futuro se encargaría de las empresas comerciales que Miguel Hidalgo pondría en marcha como párroco de Dolores. El cuarto hijo tomaría un camino totalmente distinto al de la familia, José María fue oficial del ejército realista; y combatió a los independentistas. El quinto hijo Manuel, sería concebido luego de que la madre, muriera en el parto. De inmediato se volvió el consentido de la familia, estudiaría para abogado y sería el encargado de la situación económica de las haciendas de la familia Hidalgo. El padre de Hidalgo se volvió a casar con Rita Peredo, que le dio un hijo y al poco tiempo volvió a enviudar, por lo que contrajo matrimonio de nuevo con Gerónima Ramos, quien le dio cinco hijos. Ahora, con tantos hijos, don Cristóbal decidió dividir a la familia y mandó a sus primeros cinco hijos a vivir a Valladolid con un familiar, Vicente Gallaga que era sacerdote. Ahí Hidalgo estudiaría en 1765 en el colegio de San Francisco Javier de los jesuitas. Dos años más tarde el 25 de junio de 1767 el colegio cerraba sus puertas, tras el decreto de expulsión de los jesuitas de toda Nueva España y las colonias de ultramar del imperio español. Hidalgo miró con mucho asombro partir a sus profesores, desde la multitud que se congregó para presenciar el acto. Al final se puso un documento en las puertas del colegio en el que se reiteraba la expulsión a manos del rey, mediante su decisión inapelable y firmaba el virrey de la Nueva España el marqués de Croix. Seguramente Hidalgo, pensaba para sus adentros que lo que acababa de presenciar, era un acto de entero y total despotismo.

Cerrado el colegio, Don Cristóbal volvió por sus hijos para que pasaran un tiempo en la hacienda de Corralejo, para que pensaran que harían con su vida. Así influenciados por su tío, el cura Vicente Gallaga, ambos decidieron ordenarse para sacerdotes. Regresaron  para Valladolid y se inscribieron en el colegio de San Nicolás Obispo, uno de los más antiguos de América fundado por Vasco de Quiroga en el siglo XVI. En el colegio de San Nicolás, Hidalgo formaría su vocación como sacerdote, sin embargo también se vería fuertemente influenciado por los estudios teóricos y científicos de la Ilustración. En clase muchos lo describían como inteligente y con muchas capacidades teóricas. Así con el tiempo se ganó el apodo de “el zorro” dentro del colegio, debido a su astucia y a su capacidad teórica y de análisis. En la universidad aprendió francés, y latín; además de entender desde su partida de Pénjamo el náhuatl y el otomí. Transcurrió el tiempo y así finalmente llegó la hora de presentarse en la Real y Pontificia Universidad de México y titularse como sacerdote. EL 24 de mayo de 1774, Miguel y José Joaquín se graduaban en bachilleres de teología.

Posteriormente solicitó ejercer las órdenes menores como cura y se aprobó su inicio de actividades en la parroquia de Michoacán. Hacia 1775 era subdiácono. Al mismo tiempo concursó por la cátedra de filosofía en el colegio de San Nicolás y la ganó. Ahora Hidalgo recibía ingresos por primera vez. Después pasó el tiempo y en vez de otorgarle una misión pastoral, el obispo de Michoacán Antonio de San Miguel decidió que permaneciera en el ámbito pedagógico, ya que veía gran talento en Hidalgo; fue entonces que le otorgó la cátedra de gramática y poco después la de teología escolástica, dogmática y moral. Esta cátedra la obtuvo por diez años. Así fue desempeñándose poco a poco en su paso por la vida académica hasta que en 1788, Hidalgo se convierte en el rector del colegio de San Nicolás. Bajo su dirección ingresaría a la institución el joven José María Morelos y Pavón[1], que solicitó permiso especial para ingresar ya que la edad de iniciación para sacerdote era de aproximadamente trece años, mientras que Morelos se presentó a los 25. Al cuestionarle Hidalgo sobre lo tardío de su vocación, Morelos le respondió que no sentía siquiera vocación para sacerdote, sino que simplemente había una capellanía dispuesta a beneficiar a un miembro de su familia que fuera cura, por lo que le pareció una buena oportunidad. En la época colonial, una carrera eclesiástica podía proveer una buena seguridad económica. Aún así a Hidalgo le sorprendió la honestidad y sencillez de aquel joven, por lo que aceptó el ingreso de aquél al colegio. Muy poco se sabe de lo ocurrido en el colegio a Hidalgo tanto de estudiante como rector, debido a que los franceses quemaron gran parte del archivo en la intervención francesa[2], sin embargo se cree que Hidalgo y Morelos se encontraron al menos en algún curso.

1792 significó un gran cambio para la vida de Hidalgo. Renunció a la rectoría del colegio de San Nicolás para ejercer el curato de Colima. Se tiene la falsa creencia de que su retiro de la vida académica a los curatos era un castigo debido a difamaciones hechas por gente que le tenía envidia (que para entonces ya había algunos). Se decía que era un loco subversivo amparado en una mala interpretación de la ciencia; o que tenía tratos indecorosos con mujeres. Sin embargo es una falsa creencia, ya que como rector, Hidalgo no ganaba más de 1 200 pesos anuales; en cambio en el curato de Colima, ganaba 3 000 pesos anuales[3]; lo que significó una promoción en realidad.

Poco tiempo después en 1793 se le asignó el curato de San Felipe Torres Mochas con un sueldo de 4 000 pesos anuales. En San Felipe permanecería diez años, y su gestión aquí se vería marcada por dos períodos; de 1793 a 1800, período festivo en el que Hidalgo organizaría constantemente fiestas y reuniones con comida, música, baile y teatro; y de 1800 a 1803, época en que viviría con gran austeridad después de la reprimenda de sus compañeros clérigos que le reprochaban el derrochar mucho dinero en esas fiestas[4]. Así finalmente en 1803 muere su hermano José Joaquín, cura de Dolores. Nuevamente el obispo de Valladolid, Antonio de San Miguel le otorgaría un nuevo ascenso a Hidalgo quien se trasladará al cuarto de Dolores ganando 8 000 pesos anuales. Dolores era una zona de cruce de caminos estratégica en el Bajío, por lo que la región era rica y próspera. Esto le permitió emprender proyectos económicos, ayudar a sus feligreses a conseguir trabajo, impulsar obras, y seguir gastando su dinero en ayudar a los pobres. Hidalgo gustaba de presumir sus proyectos a sus amigos; principalmente a Manuel Abad y Queipo, quien sucedería al obispo San Miguel en la sede episcopal y Manuel Riaño, intendente de Guanajuato y antiguo militar naval. La amistad de los tres grandes amigos terminaría cuando Hidalgo decidiera levantarse en armas por la independencia de México y el destino los pusiera en enemistad

Hidalgo y el antecedente autonomista de 1808

Hacia 1805, el rey Carlos IV ordenó expropiar los derechos de crédito de miles de personas que lo habían solicitado a la iglesia en forma de vales reales de crédito a largo plazo con tasas de interés bajas para emprender proyectos económicos. La familia Hidalgo fue una de las tantas afectadas, y Manuel, el hermano menor encargado de la situación financiera, supuso que Hidalgo, quien había solicitado el crédito vía su amigo Manuel Abad y Queipo, había pagado las primeras anualidades. Sin embargo Hidalgo confesó no haber pagado ninguna anualidad, además de no tener ganancias de ningún tipo, ya que todo lo gastaba en sus proyectos de sus tres haciendas o en ayudar a los pobres. La situación se tornó desfavorable; luego de un largo proceso la corona expropió las propiedades en 1807, ante tal desventaja económica Manuel se deprimió y empezó a perder la razón; un año después murió. Esto afectaría enormemente a Hidalgo; además de dejar en él un resentimiento y una actitud crítica hacia el despotismo español y por supuesto la corona.

Corría el año de 1808, y España atravesaba por la crisis de independencia con la invasión de la Francia de Napoleón. En la ciudad de México comenzó el proceso autonomista, bajo Francisco Primo de Verdad y fray Melchor de Talamantes, pero fue frenado por un golpe al poder de Iturrigaray por el partido conservador (conformado por españoles peninsulares); que no cedería ante el movimiento autonomista debido a representar un impulso a la actividad criolla en la política y la vida cotidiana novohispana.

Mientras todo esto sucedía en el virreinato y la Metrópoli, Hidalgo seguía con atención estos sucesos, e incluso los llegó a discutir con sus amigos Abad y Queipo y Riaño. El obispo reprobaba la consolidación de los vales reales y el intendente Riaño criticaba la política de gobierno de Carlos IV, que había vendido la Luisiana a los franceses y estos a su vez la hubieran vendido a Estados Unidos[5]

El incidente autonomista de 1808 no desalentó la propuesta de los novohispanos y surgió una nueva conspiración en Valladolid en 1809. Josa Mariano Michelena y José María Obeso junto con otros personajes habían formado una junta para buscar el autogobierno. La conspiración fue delatada y frenada, sin embargo no se pudo impedir que se ramificara hasta Querétaro[6]. En esta junta de Querétaro Hidalgo sería invitado a participar directamente por un viejo conocido, Ignacio Allende.

La Conspiración de Querétaro – 1810

La noticia de la Conspiración de Querétaro empezaba a rondar por la Nueva España; encabezada por el corregidor Miguel Domínguez, su esposa Josefa Ortiz de Domínguez e Ignacio Allende, oficial de los Dragones de la Reina de España y el líder de la conspiración hasta ese momento. Allende, había sido uno de los conspiradores de Valladolid. Al final, había salido libre del incidente junto con Juan Aldama y reorganizaba el movimiento desde Querétaro. Intentaba ganar más oficiales a la causa sin embargo tenía la idea de que para legitimar el movimiento armado, necesitaba una figura que pudiera cuestionar el gobierno del virreinato sin deslegitimizar al rey y desde una posición respetable en la sociedad. Es decir necesitaban a una figura que poseyera una autoridad equiparable a la de la corona: necesitaban a un hombre de la Iglesia.

Allende pensó inmediatamente en Hidalgo, con quien guardaba cierta amistad e incluso compartían la ideología independentista, pero no estaba seguro de si Hidalgo estuviera dispuesto a participar  en un movimiento armado en contra del virreinato. Así pues no tardó mucho en convencerlo y en febrero de 1810 se incorporaron a la conspiración de Querétaro con Manuel Iturriaga, participante en la Conspiración de Valladolid[7]. Ahí Hidalgo elaboró un plan sobre establecer juntas de gobierno en los centros más importantes del país para tomar control del gobierno[8].

En julio, se formó la Junta de San Miguel el Grande con la intención de poner en práctica los planes revolucionarios, poco después otras juntas se formaban en Celaya, Guanajuato y San Luis Potosí[9]. La idea de la independencia empezaba a difuminarse no solo por toda la Nueva España, sino por toda la América española. Así, debido al asedio de Cádiz, y al avance de los franceses en España, diversas juntas de gobierno empezaban a declarar un gobierno autónomo e independiente: en abril se formó la Junta de Caracas; en mayo la Junta de Buenos Aires; en julio la Junta de Bogotá y en septiembre se formaría la de Chile; coincidiendo esta última con el levantamiento armado de la independencia en México.

El levantamiento militar se tenía planeado que diera inicio el 8 de diciembre de 1810, día universal de la Inmaculada Concepción y fecha en que se celebraría la feria en honor a nuestra señora de San Juan de los Lagos, patrona del Bajío, por lo cual se reunía en ella mucha gente[10].

La Conspiración de Querétaro seguía su marcha hasta que el 9 de septiembre fue delatada por el trabajador de correos José Mariano Galván; al día siguiente el capitán Joaquín Arias, al creer que todo estaba perdido se autodenunció ante el alcalde Juan Ochoa[11]. Más denuncias empezaron a suscitarse y por lo tanto empezaron los arrestos. En Querétaro se ordenó al corregidor a arrestar a sus propios compañeros conspiradores. El intendente Riaño ordenó arrestar a Aldama y a Allende en Guanajuato. Al enterarse de su arresto, Allende partió hacia Dolores para informarle a Hidalgo de la situación. De vuelta en Querétaro, el corregidor se vio obligado a arrestar a los hermanos González. Procedió sin más remedió y al mismo tiempo encerró a su esposa en su habitación para que no interviniera en sus pesquisas. Aún así, Josefa pudo mandar un mensaje al alcalde Ignacio Pérez informándole de la situación. El alcalde Pérez se dirigió inmediatamente a San Miguel e informarle a Allende de lo sucedido. Al llegar solo pudo encontrar a Aldama, por lo que ambos cabalgaron hacia Dolores para llegar la madrugada del 16 de septiembre a su encuentro con Hidalgo y Allende.

Hidalgo y la primera etapa del movimiento independentista.

Enterados de lo sucedido, Hidalgo y Allende reflexionaron la situación. Allende en un principio, propuso escapar ante la amenaza realista. Hidalgo se apartó del grupo y reflexionó un instante mientras los demás discutían. Al fin, se dirigió a los demás y dijo: – Caballeros, somos perdidos.  Aquí no queda más recurso que ir a coger gachupines[12]. Después de un rato de reflexión todos estuvieron de acuerdo en que ya no había nada que hacer, por lo que empezaron a tomar las primeras medidas que tenían a su alcance. Lo primero que hizo Hidalgo, fue apresar a todos los españoles de Dolores, incluyendo curas y comerciantes. Él personalmente se dirigió a la casa del subdelegado a confiscarle el diezmo eclesiástico pistola en mano. Entonces se dirigió a la cárcel y liberó a los presos; estos se unieron a su ejército, que en primera instancia eran solamente los Dragones de la Reina de la guarnición de Dolores. Después se dirigió al atrio de la iglesia de Dolores a las 5 de la mañana del 16 de septiembre. Los indios que se preparaban para montar su mercado, se sorprendían de ver a su cura tan temprano. Hidalgo subió la escalinata de la puerta principal del templo y desde ahí ordenó al campanero que llamara a misa. Los pobladores, reunidos al poco rato escucharon las palabras de Hidalgo.

Este movimiento que están viendo tiene por objeto quitar el mando a los europeos, porque como ustedes sabrán se han entregado a los franceses y quieren que corramos la misma suerte, lo cual no debemos consentir jamás[13].

Siguió explicando algunos detalles más del movimiento y al final gritó.- ¡Viva Fernando VII! , ¡viva América!, ¡viva la religión y muera el mal gobierno!

La multitud lo aclamó y de inmediato Hidalgo se vio rodeado de centenares de personas que participarían en el movimiento independentista. No se sabe con exactitud las palabras de Miguel Hidalgo esa noche, sin embargo las versionas más probables y que datan de esa fecha son las siguientes:

Manuel Abad y Queipo (1810):[14]

“¡Viva nuestra madre santísima de Guadalupe!, ¡viva Fernando VII y muera el mal gobierno!”

Diego de Bringas (1810):[15]

“¡Viva la América!, ¡viva Fernando VII!, ¡viva la religión y mueran los gachupines!”

Juan Aldama (1811):[16]

“¡Viva Fernando VII!, ¡viva América!, ¡viva la religión y muera el mal gobierno!”

Fray Servando Teresa de Mier (1813):[17]

“¡Viva Fernando VII y la Virgen de Guadalupe!”

Lucas Alamán (1840):[18]

“¡Viva la religión!, ¡viva nuestra madre santísima de Guadalupe!, ¡viva Fernando VII!, ¡viva la América y muera el mal gobierno!” A lo que el pueblo respondió: “¡Viva la Virgen de Guadalupe y mueran los gachupines!”

Eran aproximadamente 300 hombres, aunque hay quien calcula hasta 600[19], la mayoría de ellos indígenas; sin embargo lo primero que hubo que hacer fue armarlos; algunos con armas de fuego, otros con espadas otros con lanzas, y finalmente con ondas, trinches, machetes, hoces y había quienes simplemente iban con piedras y palos.

El primer objetivo era dirigirse a San Miguel, en donde no habría resistencia pues era el centro militar de la conspiración. El paso por la ciudad natal de Allende se vio marcada por el saqueo, aspecto que se hizo latente en toda la campaña de Hidalgo. A Allende le enfurecía mientras que Hidalgo miraba el saqueo aprobatoriamente. Incluso él mismo tiraba dinero desde los balcones animando a sus hombres.

Después del episodio de San Miguel, el movimiento se dirigió a Celaya donde el regimiento de Dragones aliados les esperaba. En el camino, pasando por Atotonilco, Hidalgo entró a la iglesia y tomó la imagen de la virgen de Guadalupe, que a partir de entonces sirvió de estandarte para la causa independentista. Reforzado el cuerpo del ejército insurgente en Celaya, se vislumbraba la primera batalla. La ciudad de Guanajuato se preparaba para recibir al movimiento insurgente y el intendente Riaño preparaba la defensa.

La toma de Guanajuato y Valladolid

El intendente Juan Antonio Riaño decidió guarnecerse en un edificio fortificado y con buena perspectiva visual y esperar los refuerzos pedidos de México o de San Luis Potosí en vez de salir a enfrentar a Hidalgo en las inmediaciones como lo proponía el mayor Berzábal, el militar de mayor rango presente[20]. A las puertas de Guanajuato el 28 de septiembre Hidalgo mandó una comisión para exigir la rendición de la ciudad, a lo que Riaño contestó que era su deber como soldado pelear, y agradeciendo además la oferta de protección de su familia por parte de Hidalgo alegando que su familia no le preocupaba. Así Hidalgo reiteraba además en su carta su lealtad como amigo hacia Riaño, y que si lo combatía era solamente por una diferencia de ideas y que al considerar su causa justa no se detendría. No solo peleaban amigos, peleaban hermanos novohispanos que se encontraban en la bifurcación de sus vidas… España o Nueva España.

Se inició el combate, el asedio al edificio fue intenso sin que se pudiera penetrar en él; sin embargo durante el inicio de la batalla, el intendente Riaño murió por una bala que le atravesó el ojo mientras salía a las puertas de la alhóndiga a dar instrucciones. La muerte del intendente bajó la moral de los realistas. El asesor del intendente, que de acuerdo a la ley era quien suplía a Riaño intentó rendirse, pero Berzábal se lo impidió. Por un momento, los realistas mostraron una bandera blanca, y cuando los insurgentes se acercaron al edifico pensando que se rendían, una ráfaga de fuego realista acabó con un buen número de insurgentes; lo que hizo encolerizar el ataque insurgente y continuar la batalla de forma más intensa. Hasta que de pronto, la puerta de la alhóndiga se prendió en llamas; según los testimonios incendiada por “el pípila”[21]. Una última descarga acabó con la primera línea de los atacantes pero era demasiado tarde. Empezó la parte más sanguinaria de la batalla; en donde los insurgentes acabaron con todos los realistas; ni siquiera los que se rendían y suplicaban por sus vidas pudieron salvarse. Solo sobrevivieron los niños y las mujeres. Al final de la batalla los insurgentes registraron 3 000 bajas, mientras que los casi 400 realistas dentro de la alhóndiga habían muerto.

El saqueo de Guanajuato fue impresionante. Allende intentó reprimir los abusos, pero no le hacían mucho caso; y este le reprimía a Hidalgo que no hacía nada por evitar estos abusos y la violencia excesiva. Hasta que finalmente Hidalgo ordenó detener los saqueos y los abusos. La primera discordia entre Allende e Hidalgo estaba puesta; y con el andar de la lucha armada, Allende  llegará al punto de odiar y reprobar el liderazgo de Hidalgo. Sin embargo, en el descanso de la primera batalla, el ejército se reorganizó, además de que se mandaron a fundir cañones y mas armas para continuar con la lucha. Así después de un rato de planeación, Hidalgo partió rumbo a Valladolid. Ahí su ejército conseguiría tomar la ciudad sin un solo disparo.

Al considerarse que Valladolid se conformaba por una gran cantidad de personas que apoyaban el movimiento, los soldados fieles al Rey decidieron formar una columna y marchar hacia la ciudad de México para salvar sus vidas. El encargado de esta guarnición era un coronel llamado Agustín de Iturbide. Antes de que parta, Hidalgo le ofrece a Iturbide unirse al movimiento bajo el grado de Teniente General, sin embargo Iturbide rechaza debido a que, según él, la forma en que llevaba a cabo su empresa Hidalgo no era la correcta. De haber querido hubiera ocupado un puesto importante en el movimiento independentista, pero no lo quiso. Así Hidalgo entró triunfal a Valladolid y su estancia ahí le serviría para contestar la excomunión que la Iglesia le había infringido. Legitimaba nuevamente su causa mediante un comunicado en el que llamaba a todos los habitantes de las ciudades villas y poblaciones de este reino a establecer juntas de gobierno que fraguaran una nueva forma de gobierno libre del yugo español. El ejército insurgente creció y el cuerpo principal del ejército se conformó de 14 000 hombres. Así Hidalgo partió el 19 de octubre con el objetivo de tomar la ciudad de México. Antes de partir tomó 400 000 pesos de la tesorería de la catedral como préstamo. Ese mismo día sobre las poblaciones de Charo e Indaparapeo, Hidalgo se encontró con José María Morelos y Pavón. Hablaron un largo rato y al final Morelos salió investido con el grado de general y con el objetivo de abanderar la lucha independentista en las tierras del sur. Con este encuentro, el número de ejércitos insurgentes crecía enormemente; a estas instancias Hidalgo había designado: a Morelos independizar el sur y tomar Acapulco; o José Antonio Torres para la campaña de Nueva Galicia; a José María González de Hermosillo lo mandó a Sinaloa y Sonora; al sacerdote José María Mercado le encomendó la conquista de Tepic y el puerto de San Blas; a Rafael Iriarte le asignó el territorio de Zacatecas; a Mariano Jiménez le correspondió tomar Coahuila; a los frailes Juan Villerías y Luis de Herrera se les asignaría la zona de San Luis Potosí; a Mariano Aldama, que se adhirió a Francisco Osorno se les designó Puebla y Apam y Miguel Sánchez, que reclutó a la familia Villagrán y se le asignó la zona de Huichapan. Finalmente, en esta primera etapa de la independencia, Allende encomendó a Bernardo Gutiérrez de Lara iniciar la campaña de Texas. Así desfilaban las fuerzas insurgentes de Hidalgo. El enfrentamiento decisivo estaba a la vista. Para la batalla del Monte de las Cruces, Hidalgo fue designado Generalísimo y Allende Capitán General. Se les unió Ignacio López Rayón a quien Hidalgo nombró su secretario. Ahora la ciudad de México estaba a la vista.

Batalla del Monte de las Cruces

A finales de octubre. Hidalgo llega a las inmediaciones de la ciudad de México. Después de organizar tácticamente a sus ejércitos ambos bandos, se encuentran de frente ambos ejércitos el 30 de octubre en el Monte de las Cruces. Mil infantes, cuatrocientos jinetes y dos cañones componían el ejército del rey comandado por Trujillo que se enfrentaba a 80 000 insurgentes, comandados por Allende. El virrey Venegas, había mandado una carta a Trujillo haciéndole saber que el honor y el destino de España estaba en sus manos. Solo Trujillo y algunos oficiales del ejército realista eran españoles; en realidad fue una batalla entre mexicanos. Uno de los oficiales que más se distinguiría sería el coronel Agustín de Iturbide; que debutaría como oficial y se ganaría la admiración de los realistas. A las 8 de la mañana comenzaron las escaramuzas y a las 11 empezaría el combate formal, que se prolongaría hasta las cinco de la tarde. En la primera etapa, el ejército realista demuestra que un regimiento bien organizado es capaz de detener a una multitud desorganizada. La artillería de los cañones causó graves daños en los insurgentes, que presentaban en el frente a los regimientos de infantería de Celaya, Guanajuato Valladolid y los recientemente agregados de caballería de Pátzcuaro y de Príncipe. Así Allende comenzó a rodear a los realistas y ordeno al recién ascendido general Mariano Jiménez que organizara un ataque para tomar posesión de los cañones que tantas bajas le causaban. Así en un movimiento audaz, Jiménez se apodera de la artillería realista y obliga a los realistas a retroceder. Es entonces que los realistas chocan de frente con 3 000 insurgentes y comenzaría la fase más sanguinaria de la batalla en las inmediaciones del camino real a Toluca. Trujillo ordenó el retiro de sus tropas a Santa Fe, mientras los insurgentes se establecían en Cuajimalpa exhaustos por el combate. El virrey Venegas quedó al frente del resto del ejército realista en la ciudad de México. La población se inundó de temor de saber que a las puertas de la ciudad se encontraba el ejército insurgente. Temiendo lo peor, la población guardaba su dinero, escondía a las mujeres en los conventos. Toda la ciudad se veía perdida. Hidalgo mandó el 31 de octubre a Mariano Abasolo y a Mariano Jiménez en un carro con bandera blanca  exigiendo la rendición de la ciudad, a lo que Venegas les respondió que si no se marchaban los fusilaría.

Allende estudió la situación; desde el punto de vista militar, la ciudad estaba solo a un paso de ser tomada. Hidalgo reflexionó, y al final, aún con el punto de vista táctico de Allende, decidió retirarse el 2 de noviembre Toluca.

Las expediciones realistas no lo podían creer, la ciudad de México entera respiró tranquila y el ejército insurgente se dividió a causa de las diferencias entre Allende e Hidalgo.

La toma de Guadalajara, la Batalla del Puente de Calderón y retirada al norte del virreinato

La causa del retiro de Hidalgo de la ciudad de México ha sido analizada exhaustivamente. Al final se cree que su retirada obedece a diversas razones. Principalmente las bajas que tienen los insurgentes en la batalla del Monte de las Cruces y la falta de apoyo por parte de gente de la capital provocaron dudas en Hidalgo. Con anterioridad camino a la ciudad de México le informarían que cuando estuviera en las inmediaciones de la capital, un grupo de insurgentes se movilizaría en apoyo a su ejército. Después de casi una semana Hidalgo no recibió ninguna clase de apoyo por parte de la capital del virreinato; además de que se cree que Hidalgo también temía que la toma de la ciudad de México fuera tan sanguinaria como la de Guanajuato; por lo que al final toma la decisión de retirarse.  Después de la batalla del Monte de las Cruces las decisiones de dirigencia de Hidalgo causaron una división entre Allende y el cura. Allende retrocede a San Miguel e Hidalgo se repliega a Valladolid no pudiendo ser convencido por su comandante de que la reorganización del movimiento era necesaria desde ahí.

La mitad del ejército de Hidalgo desertó con el retiro de la Cd. De México. Y en su repliegue, las tropas de Hidalgo fueron sorprendidas por las tropas del ejército realista de Calleja y Flon; que se encontraban en Querétaro y que en su camino a México se encontraron con los insurgentes en el poblado de Aculco. Las tropas de Hidalgo que estaban muy debilitadas luego del retiro de la capital, tan solo se retiraron sin presentar batalla. Lo único que importaba ahora era reorganizar el movimiento desde Valladolid.

El fracaso de Hidalgo en la ciudad de México representó un golpe muy duro para la causa insurgente. Sin embargo, el frente abierto por José Antonio Torres en la Nueva Galicia, comisionado por Hidalgo desde el día que pasó por Irapuato había conseguido tomar la región. Torres organizó su ejército y venció a los realistas comandados por el intendente de Guadalajara Roque Abarca, que a falta de experiencia militar no ejerció una buena táctica militar, por lo que la derrota en los primeros enfrentamientos provocó una rendición de las autoridades y que abandonaran la ciudad hacia el Puerto de San Blas. Así “el amo” Torres entró a Guadalajara el 11 de noviembre; y para sorpresa del vecindado, no toleró el saqueo de la ciudad e impuso la disciplina en su ejército. Prometió respetar íntegramente los bienes y propiedades de la sociedad tapatía y lo cumplió. Finalmente envío al cura de Ahululco José Mariano Mercado a tomar el puerto de San Blas con 600 hombres de los pueblos circundantes de Tepic. El 28 de noviembre los realistas se rindieron con lo cual toda la zona de Nueva Galicia pertenecía ahora a los insurgentes. Con esto Hidalgo decidió partir hacia Guadalajara. Allende, quien le había pedido apoyo para retener las fuerzas de Calleja que atacarían Guanajuato, se sintió abandonado ya que Hidalgo no le responde aunque no de mala fe, sino que simplemente no tenía recursos militares que enviarle a Ignacio[22].

En Guadalajara, Hidalgo instituye el primer gobierno insurgente. La sugerencia venía de López Rayón y en el corto tiempo en que estuvieron en Guadalajara, Hidalgo abolió la esclavitud; decretó el primer reparto agrario; reorganizó su ejército y a sugerencia del cura Francisco Severo Maldonado aprobó la creación de un periódico que difundiera el pensamiento independentista: El despertar Americano.

Allende, derrotado por Calleja en Guanajuato llegó a Guadalajara y al ver que Hidalgo no hacía nada por detener masacres de españoles que se llevaban a cabo clandestinamente por los insurgentes más radicales se molestó y se acrecentaron de nuevo las diferencias. La división llegó a un grado tan alto que incluso Allende fraguó un plan para envenenarlo sin llevarlo a cabo realmente[23]. Al final, tuvieron que reunificarse porque Calleja estaba ya a las afueras de Guadalajara y se disponía a acabar con la insurrección de una vez por todas. El 7 de enero de 1811 se libró la batalla de Puente de Calderón. Al principio los realistas lograron atacar los flancos insurgentes y apoderarse de una línea de cañones; sin embargo fue la casualidad la que decidió el resultado de la batalla. Una granada impactó en un carro de municiones insurgente;  la explosión y el incendio de los pastizales provocaron confusión y miedo en los hombres de Hidalgo. La estrategia utilizada por Calleja sobre Guadalajara fue brillante, atacaba los puntos débiles, cerraba las rutas de escape y sometía los regimientos enemigos. Esta es la explicación del porqué 6 000 realistas acabaron con 100 000 insurgentes en Guadalajara. El ejército insurgente decidió retirarse a Aguascalientes, a donde iban todos los fugitivos. Al día Siguiente Calleja entró triunfal a Guadalajara.

Mientras en Aguascalientes Allende, con otros generales insurgentes removieron del mando a Hidalgo. Su inexperiencia militar y el contradecir las decisiones de Allende habían llevado al movimiento a la derrota y estar en donde estaban en ese momento. Al mismo tiempo se le ordenó que debería permanecer dentro del movimiento pero que a partir de ese momento el mando recaería en Allende. Continuaron su camino hacia Zacatecas, pero como Allende consideró que no tenían recursos para defender la ciudad, continuaron hasta Saltillo donde lo esperaba Mariano Jiménez. En Saltillo los insurgentes reciben el indulto del virrey, el cual rechazan, al mismo tiempo que planeaban, el 16 de marzo, quien se quedaría al mando de las tropas mientras Allende, Aldama e Hidalgo, marchaban hacia Estados Unidos para buscar apoyo para la causa.

Debían de cruzar el inmenso desierto de Coahuila y Texas, por lo que la perspectiva era muy desfavorable; además, no se encontraban informados de que el movimiento insurgente en Texas ya había sido derrotado. Entonces los realistas locales, le propusieron a un oficial carcelero, el teniente coronel Ignacio Elizondo de acercarse a los insurgentes haciéndose pasar por uno de ellos para después capturarlos. Elizondo aceptó y simuló capturar la villa de Monclova para la causa insurgente e invitó a Allende y a sus hombres a establecerse ahí; a lo que Allende aceptaba sin sospechar siquiera de la traición. En las Norias de Acatita de Baján, el 21 de marzo de 1811 fueron llegando uno a uno los carros de la caravana, y uno a uno eran capturados pistola en mano y mediante soldados escondidos. El único que opuso resistencia fue Allende; quien al forcejear con sus captores provoca un disparo que mata a su hijo Indalecio. Poco después llegando Hidalgo a caballo es capturado; a lo que el cura solo le espeta a Elizondo. –Es usted un traidor.

Los prisioneros fueron llevados a Chihuahua, ahí se les inició un proceso militar y a Hidalgo además, por ser cura, se le inició un proceso inquisitorial. Todos los insurgentes fueron condenados a muerte por la espalda en señal de afrenta e ignominia y afrenta y además a ser decapitados para exhibir sus cabezas públicamente. Además de quitar el honor a todos sus hijos si es que los tuvieran.

Allende, Aldama y Jiménez fueron fusilados el 26 de junio de 1811 en una plazuela de Chihuahua. El proceso de Hidalgo tardaría un mes más. Era necesario denigrar su condición de sacerdote sino no podía ser fusilado.

El 29 de julio de 1811 se le dictó sentencia de muerte a Hidalgo. Sería fusilado y decapitado igual que sus compañeros, sus bienes serían expropiados y le mandarían un cura para su confesión y así brindarle un muerte cristiana.

Más tarde se procedió al fusilamiento[24]. Lo llevaron a un patio, lo sentaron en un banquillo y le vendaron los ojos. Había instrucciones de que no se le disparara en la cabeza, por lo que dijo instantes antes al pelotón de fusilamiento que pondría su mano derecha sobre su pecho para que les sirviera de blanco. Hubo un retraso al colocar al cura en su posición ya que se negó a ser fusilado de espaldas. Al final se sentó de frente con los pies amarrados al banquillo. Se dio la orden y la primera fila de tiradores le dio tres disparos en el vientre y uno en el brazo, que se lo quebró. El dolor le hizo agonizar y la venda se le movió de los ojos, con lo cual pudo ver la segunda fila de tiradores que le disparaban hiriéndole todos en el vientre y no en el pecho; Hidalgo solo se movió ligeramente y su mirada se nubló. Con algunas lágrimas recibió la tercera descarga de los tiradores, que le destrozó el vientre y la espalda baja. Al ver que los tiradores temblaban azorados, el teniente Armendáriz ordenó a dos de ellos, uno después del otro, a disparar en el corazón de la víctima. Hidalgo había muerto.

Eran las siete de la mañana; su cuerpo fue exhibido al público, y finalmente por la tarde lo decapitaron y mandaron las cabezas de Hidalgo, Allende, Aldama y Jiménez a colgarlas en las cuatro esquinas de la alhóndiga de granaditas.

Pasarían casi cien años hasta que finalmente los restos de los héroes de la independencia fueran trasladados a la ciudad de México en la columna de la Independencia. En donde descansan guardando el espíritu de la independencia y la libertad de México hasta el día de hoy.

Bibliografía

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Julio Zárate; La Guerra de Independencia; en Vicente Riva Palacio; México a través de los siglos; México 1880.

Luis Castillo Ledón; Hidalgo. La vida del héroe; Ediciones Olimpia; México 1985.

Luis Villoro; Proceso ideológico de la revolución de independencia; Conaculta; México 1999.

Jaime E. Rodríguez; La independencia de la América española; México 2008.

Carlos Peredo Herrejón; Versiones del grito de Dolores y algo más; México 2009.

Gunter Kahle; El ejército y la formación del Estado en los comienzos de la independencia de México; FCE; México 1997.

Carlos Herrejón Peredo; Hidalgo, el hereje; Proceso Bicentenario; no. 15 Los pasos de Hidalgo; México 2010.


[1] José Manuel Villalpando; Miguel Hidalgo; Ed. Planeta Mexicana; México 2004.

[2] Julio Zárate; La Guerra de Independencia; en Vicente Riva Palacio; México a través de los siglos; México 1880

[3] José Manuel Villalpando; óp. Cit.

[4] Carlos Herrejón Peredo; Hidalgo, el hereje; Proceso Bicentenario; no. 15 Los pasos de Hidalgo; México 2010

[5] José Manuel Villalpando; óp. Cit.

[6] Agustín de Iturbide pertenecía a la Conspiración de Valladolid, sin embargo algunos testimonios de la época lo señalan como uno de los delatores; no el principal delator, pero si uno de los que prestaron testimonio en contra. Todo lo anterior es referido en “México a través de los siglos”, de Vicente Riva Palacio; en el capítulo de la Independencia de Julio Zárate. Sin embargo no se cuenta con evidencia totalmente concluyente.

[7] M. S. Alperovich; Ensayos de historia de México : La independencia y la formación de la nación Mexicana; Ediciones de Cultura Popular; México 1977

[8] M. S. Alperovich; óp. Cit.

Haciendo referencia a J.M. Luis Mora; México y sus revoluciones.

[9] M. S. Alperovich; óp. Cit.

Haciendo referencia a L. Castillo Ledón; Hidalgo. La vida del héroe vol. 1: México 1948.

[10] José Manuel Villalpando; óp. Cit.

[11] Julio Zárate; La Guerra de Independencia; en Vicente Riva Palacio; México a través de los siglos; México 1880.

[12] Luis Villoro; Proceso ideológico de la revolución de independencia; México 1999.

[13] Luis Castillo Ledón; Hidalgo. La vida del héroe; Ediciones Olimpia; México 1985.

[14] Jaime E. Rodríguez ; La independencia de la América española; México 2008

[15] Carlos Peredo Herrejón; Versiones del grito de Dolores y algo más; México 2009

[16] Ibídem

[17] Ibídem

[18] Ibídem

[19] José Manuel Villalpando; óp. Cit.

[20] José Manuel Villalpando; Ibídem

[21] Julio Zárate; La Guerra de Independencia; óp. cit.

[22] José Manuel Villalpando; óp. Cit.

[23] José Manuel Villalpando; óp. Cit.

[24] Versión de  Luis Castillo Ledón; óp. Cit.

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