el Ateneo

El Ateneo.

Este es un trabajo acerca del Ateneo de México. Presentado el año pasado [Nov./2010] para una clase del colegio. En realidad debido a cuestiones de tiempo se enfoca principalmente en la figura de Vasconcelos; aunque también son mencionados Alfonso Reyes y Pedro Henríquez Ureña.
El objetivo principal era el  describir a manera de narración el Ateneo de México,  el escenario intelectual del México revolucionario; y enlazarlo con la temática del curso: las vanguardias del pensamiento de la ciencia histórica en México y; en este caso, la fundación de la Universidad Nacional y las principales instituciones académicas mexicanas. El contexto político y militar están latentes a lo largo del texto.

____________

  • El Ateneo. Vanguardia intelectual y bifurcación.

Introducción.

Los intelectuales del Ateneo y la institucionalización de las ciencias en México

La historiografía mexicana del México revolucionario llegará algo cansada al desfase del sistema político porfiriano hacia la apertura de un nuevo orden estructural en el estado mexicano. En ese sentido la literatura podrá disfrutar de un nuevo contexto, una nueva vanguardia; un nuevo escenario. El trabajo literario en torno a la revolución se enriquecerá con la novela revolucionaria, una nueva imagen de México; una nueva construcción de la imagen del mexicano. Posteriormente hacia la década de los cuarenta, la novela indigenista y la reflexión en torno al ser y la cultura nacional forjarán el escenario de la literatura en México. En este interludio revolucionario la vanguardia de intelectuales será notoria; sin embargo, para la historia el escenario sería distinto.

El positivismo comtiano y spenceriano inundaba las instituciones académicas del México porfirista. En la Escuela Nacional Preparatoria, Vasconcelos nos recuerda que Justo Sierra enseñaba historia, Gabino Barreda lógica y Ramírez literatura. Vasconcelos consideraba a ellos tres los grandes maestros de  la segunda mitad del siglo XIX, sin embargo, en el marco del centenario de la independencia y de la fundación de la Universidad Nacional, el desfase con las vanguardias académicas europeas era enorme. Al final de cuentas serían José Vasconcelos y Antonio Caso quienes derrumbarían al positivismo. El enfrentamiento entre los científicos porfiristas y la nueva generación del Ateneo se vería las caras en el marco del centenario de la independencia. El 28 de octubre de 1909 se instituye formalmente el Ateneo de la Juventud y a partir de entonces se abre un punto de referencia en el pensamiento filosófico en México. Antonio Caso, Alfonso Reyes, José Vasconcelos, Pedro Henríquez Ureña y el resto de los 69 ateneístas iniciarán un movimiento épico que los bifurcará incluso de su propio grupo; los llevará por caminos distintos y a  veces incluso hasta en dirección contraria.

Una serie de circunstancias en el ambiente intelectual del México  provocaron que la generación del Ateneo surgiera a principios del siglo XX en las aulas de la Escuela Nacional Preparatoria dirigida por Justo Sierra y Gabino Barreda. Poco a poco, un grupo de jóvenes se desmarcará de la influencia positivista imperante en las aulas y buscarán una nueva construcción filosófica. En su obra, los mismos ateneístas confiesan quienes de sus maestros proponían ir más allá de lo mostrado en las aulas; así Antonio Caso en su obra Apuntamientos de cultura patria señala a Justo Sierra, José María Vigil, Ezequiel Chávez, Porfirio Parra, Pablo Macedo entre otros como los profesores que influyeron de manera decisiva en ellos. Alfonso Reyes (en Pasado inmediato y otros ensayos)  y José Vasconcelos, confirmarán lo anteriormente mencionado destacando ambos el papel decisivo de Justo Sierra tanto en su cátedra como en su obra de un intelectual cansado, que encomienda a sus discípulos el trabajo del futuro que él ya no podrá realizar: la búsqueda de la nueva vanguardia del pensamiento en México. En este escenario el Ateneo estaba listo; sin embargo diversos acontecimientos llevarán a sus integrantes por sendas distintas. El primer exiliado, Alfonso Reyes, abandonará México después de la decena trágica.

Alfonso Reyes.- El exilio y el retorno.

En febrero de 1913, los sucesos de la decena trágica provocarán un nuevo orden político en la capital de la república. El fallido intento de golpe militar por parte de Bernardo Reyes comprometerá la situación de su hijo en el país, por lo que partirá a un largo exilio en España.

Reyes trató de disuadir a su padre del ataque a palacio nacional, sin embargo, al no conseguirlo su única escapatoria será el exilio. Después de la tragedia en la plaza central donde cae muerto su padre (al cual le dedica tres obras[1]) Reyes no ve más remedio que salir del país con la legación francesa hacia Europa. Rechazó un puesto público en el nuevo gobierno de Huerta, reafirmando así su postura política con tal de no colaborar con el gobierno ilegítimo. Permanecerá en París un tiempo formando parte de la cancillería francesa y después vivirá su exilio en España de 1914 a 1924, período que será para él de creación y creatividad literaria. De 1924 a 1927 se desempeña como ministro en Francia. Su largo recorrido diplomático lo llevará ahora como embajador en Argentina de 1927 a 1930, en donde conocerá la vanguardia literaria de la Argentina: Victoria Ocampo, Xul Solar, Leopoldo Lugones, Paul Groussac y a un joven Jorge Luis Borges. Posteriormente de 1930 a 1937 será embajador en Brasil. Finalmente Reyes regresará a México en 1939. En el mes de marzo, el presidente Lázaro Cárdenas lo nombrará presidente de la Casa de España y su patronato; institución cultural que recibiría a los exiliados españoles de la guerra civil y que a la postre se convertiría en el Colegio de México.

El Colegio de México significaría un punto de referencia para Reyes. A partir de ahí, su paso por el mismo Colegio de México, el Fondo de Cultura Económica y el Colegio Nacional marcarán de manera definitiva un referente de la vanguardia mexicana. En el plano literario el aporte de Reyes a México será enorme, su obra, sus traducciones y las conferencias que impartió en México y el mundo lo convertirán en uno de los fuertes pilares del Ateneo. Reyes, uno de los “cuatro grandes” del ateneo al final pasaría a la historia como el espíritu literario del ateneo.

José Vasconcelos.- el eje entre la vanguardia y la política

José Vasconcelos fue el pensador del Ateneo. Desde el inicio de las conferencias, auspiciadas por Justo Sierra en el marco del centenario de la independencia, Vasconcelos nos refiere el transcurrir del Ateneo. Antes de iniciarse oficialmente como grupo el 28 de octubre de 1909, Vasconcelos nos describe los rasgos que lo llevaron a él y a sus compañeros formarlo. Era algo común por todos ellos la admiración por la cultura griega y el análisis de vanguardias europeas totalmente desconocidas en México. Los libros y autores más leídos y analizados por los ateneístas eran Schopenhauer, Kant, Boutroux, Eucken, Berson, Poincaré, William James, Wundt, Nietzsche, Schiller, Lessing, Winkelman, Taine, Ruskin, Wilde, Menéndez Pelayo, Croce, Hegel entre otros según Vasconcelos[2]. Se realizaban conferencias-conciertos en la preparatoria hasta que, el 28 de octubre de 1909, Antonio Caso funda el Ateneo de la Juventud y se imparte la primera conferencia en un salón de la Escuela Nacional Preparatoria. Posteriormente con la llegada de Henríquez Ureña, el Ateneo tomará forma[3].

Para 1910, Vasconcelos conoce a Madero.  Después de la publicación de La sucesión presidencial Vasconcelos apoyará al maderismo y participará en la fundación del partido antirreelecionista. El lema sufragio efectivo no reelección será acuñado por él. En el primer año del gobierno maderista Vasconcelos radicará en la cd. de México rechazando cualquier cargo político argumentando que ganaba mucho más dinero en su despacho como abogado. Finalmente instalado en la ciudad de México, tomará el control del Ateneo, y lo convertirá en una institución cultural independiente  con el objetivo de formar una nueva vanguardia intelectual influida con la filosofía europea y combinando rasgos de identidad nacional. En ese sentido Vasconcelos sería el responsable de convertir al Ateneo de un grupo cultural literario, a una asociación civil con miras a emprender proyectos políticos. Es a mediados de 1912 que el Ateneo de la Juventud, cambia su nombre por el de Ateneo de México.

En febrero de 1913, Bernardo Reyes y Félix Díaz atacan el palacio nacional. Tras la subida al poder de Huerta, Vasconcelos será hecho prisionero. Huerta hablará con él, ofreciéndole todo su apoyo y su permanencia en la capital como abogado. Vasconcelos aprovechará su liberación para huir a la Habana y entrar en contacto con Carranza desde Washington. Será comisionado a boicotear las operaciones políticas de Huerta en Europa; sin embargo su tarea será de mínima importancia reflejando su estancia en el viejo continente más como un espacio para su creatividad literaria que para fines políticos. En realidad su paso por Europa le serviría más como luna de miel que para desempeñarse como activista político. Al poco rato, Vasconcelos regresa a México vía Estados Unidos y se une a los carrancistas cruzando la frontera en el avance de las tropas en contra de Victoriano Huerta. En su obra La Tormenta, Vasconcelos se pinta a sí mismo como un hombre que gracias a su ingenio va sorteando toda clase de aventuras y situaciones que se le presentan.

El 13 de agosto de 1914 Álvaro Obregón, a las puertas de la ciudad de México con 16 000 hombres, firma con representantes del ejército y la marina los tratados de Teoloyucan que pondrán fin a la guerra iniciada en contra del huertismo por los hombres del norte. En opinión de Álvaro Matute, esta fecha marcará el fin del Ateneo definitivamente. Quizá debido al desmedido control que Vasconcelos venía ejerciendo sobre el grupo, y que el ámbito cultural que lo distinguió venía desapareciendo detrás de la bandera política. En ese sentido los ateneístas seguirán llamándose a sí mismos “ateneístas” aunque el grupo original y sus propósitos ya no existan. Ahora el objetivo de los ateneístas sería llegar a tener el control de la Universidad Nacional; así como sus maestros los positivistas tuvieron el control de las academias en el porfiriato.

Al triunfo del constitucionalismo Carranza nombra a Vasconcelos director de la Escuela Nacional Preparatoria, pero el nombramiento solo durará unas semanas ya que Vasconcelos se niega a romper con los villistas y los zapatistas, que para entonces ya eran enemigos del gobierno constitucionalista. Lo cesaron de su nombramiento, y lo apresaron. El 16 de octubre de 1914 escapará de su prisión y se dirigirá a la Convención de Aguascalientes. Ahora era villista. No porque creyera en Villa o simpatizara con sus ideas, sino porque veía en el villismo la única manera de abanderar una causa democrática dentro de la política. En la Convención, Vasconcelos dio forma jurídica a los deseos de Villa y Zapata para desconocer a Carranza como presidente. A sugerencia de algunos involucrados, redactó el decreto mediante el cual la Convención se invocaba a sí misma como soberana y portadora de la verdadera democracia. Portadora de la voluntad del pueblo.

La Convención nombró presidente a Eulalio Gutiérrez quien lo nombró ministro de Educación Pública. El efímero gobierno de Eulalio Gutiérrez representa uno de los ejemplos más tristes en cuanto a la situación de las instituciones en la Revolución Mexicana. El gobierno convencionista tendrá que alquilar un edificio en Paseo de la Reforma y soportar los desordenes ocasionados por las tropas que ocupaban la capital. Era un completo caos. Zapata y Villa aprovechan su paso para subirse al gabinete presidencial y tomarse una foto. El presidente no se concentraba más que en ofrecer banquetes suntuosos  y lanzar decretos inservibles. Al poco tiempo, la reorganización del carrancismo obliga a los convencionistas a salir de la capital. Los ejércitos de Villa serán derrotados en el transcurso de un año. De la capital a Guadalajara, de Guadalajara a Guanajuato, de Guanajuato a Chihuahua. Al final, con Villa derrotado el gobierno de la Convención se ve a sí mismo vencido en Saltillo. Como última acción del gobierno convencionista se acuerda repartir entre los miembros del gabinete, como botín, lo poco que quedaba del tesoro nacional: cinco mil pesos oro. A Vasconcelos le tocan mil doscientos cincuenta pesos. En octubre de 1915  Vasconcelos se encuentra una vez más exiliado; esta vez en Estados  Unidos. Desilusionado se retira a la vida privada. De 1916 a 1919 publica cuatro obras desde el país vecino. En ese sentido su libro de 1948 La Tormenta, tratará sobre este periodo de su vida, en el que Vasconcelos oscila con el ir y venir de las facciones revolucionarias. No sería sino hasta 1920 cuando el lejano y efímero objetivo ateneísta de tomar control sobre la universidad se verá cumplido.

Al triunfo del obregonismo y tras la muerte de  Carranza, Vasconcelos regresa a México de su exilio. Durante las primeras semanas del gobierno de Adolfo de la Huerta será nombrado rector de la Universidad Nacional.

Su gestión como rector se asemejaba a la de Justo Sierra en el porfiriato, solo que esta vez bajo el respaldo total del presidente Obregón. Los alcances de su misión cultural serían notables. Emprendió la construcción de un edificio sede para la universidad. Extendió asilo y empleo a perseguidos latinoamericanos en las llamadas “cumbres de la raza”. Restrepo, Morillo, Valle-Inclán, José Eustasio Rivera, entre otros fueron invitados para participar en su cruzada. Posteriormente enarbolaron esta participación Víctor Raúl Haya de la Torre y Gabriela Mistral[4].

Así finalmente el 30 de junio de 1921 el presidente Álvaro Obregón reforma la constitución de 1917 para instaurar la Secretaria de Educación Pública, que se creará oficialmente el 25 de julio y Vasconcelos tomará cargo como secretario el 11 de octubre. A manera de su afinidad por lo griego dividió los departamentos de la universidad en tres: escuelas, bibliotecas y bellas artes. De 1921 a 1923 José Vasconcelos aumentó casi en un cincuenta por ciento el número de edificios, maestros y alumnos de escuelas primarias oficiales (sin incluir misioneros, misiones culturales, etc.)[5] Al fin el propósito de aquel Ateneo porfirista de llegar a tomar el control de la universidad se hacía realidad. Vasconcelos invitaría a varios de sus compañeros ateneístas a colaborar con él, aunque finalmente será la política la que separe al grupo definitivamente.

El 3 de enero de 1921 Vasconcelos otorga a Pedro Henríquez Ureña el nombramiento de Jefe Segundo del Departamento de Intercambio de la universidad[6]. Había regresado a México en 1920 después de haber cursado su doctorado en Minnesota, en donde también impartía la docencia. Ahora tenía un mayor prestigio y más obras publicadas. Su experiencia en España y Estados Unidos lo hacían idóneo para el departamento de intercambio. El 1º de julio de 1921 logra finalmente abrir la escuela de verano para estudiantes extranjeros. Los primeros estudiantes son de hecho todos norteamericanos. Henríquez Ureña finalmente logra reunir un gran plantel para la escuela de verano: León Sánchez, Federico de Onís y los ateneístas Julio Torri y Mariano Silva y Aceves, que sumados a los mismos Henríquez Ureña y Vasconcelos lograron construir un espacio académico donde los estudiantes extranjeros se relacionaban directamente con los intelectuales de la nueva vanguardia nacional. Los cursos fueron un éxito, tanto que el presidente Obregón organizó un recibimiento para los estudiantes en el castillo de Chapultepec. Esto atenuaba la mala imagen que había de México en los Estados Unidos.

Además de la dirección de la escuela de verano y la jefatura definitiva del Departamento de Intercambio, Henríquez Ureña volvió al magisterio. Sustituyó a Antonio Caso debido a que Vasconcelos pasó a ocupar la recién inaugurada Secretaria de Educación y Caso la rectoría de la universidad. Además de los cursos que impartía en el magisterio impartía el curso de literatura general en la Escuela Nacional Preparatoria. Estos cursos solo serían interrumpidos tras el viaje que emprendió junto con Vasconcelos, Torri y Carlos Pellicer a América del Sur para visitar diversos centros de estudio como La Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación de la Plata, en Argentina; en donde posteriormente Henríquez Ureña sería profesor hasta su muerte en 1946. Su salida de México hacia 1924 marcaría el rompimiento definitivo entre Vasconcelos y sus compañeros ateneístas.

El fin del Ateneo. La nueva generación de intelectuales.

El fin del Ateneo en 1924 sería provocado según la visión de Vasconcelos en su obra La Tempestad[7] por la huelga de la Escuela Nacional Preparatoria, donde hubo una diferencia entre Lombardo Toledano y Vasconcelos mismo; asumiendo este la dirección de la preparatoria tras la renuncia de Lombardo. Para 1923 Vasconcelos no se inclinó hacia ningún candidato presidencial. Podía haber simpatizado con de la Huerta, como muchos de sus compañeros, sin embargo no lo hizo y se mantuvo indiferente de igual manera con los callistas. Desde su perspectiva Vasconcelos prefería preservar el enorme aparato institucional que se había forjado durante todo el sexenio; para hacerlo permaneció sin estar enteramente convencido en las filas de la propaganda callista. Esto significaba la alineación de las movilizaciones estudiantiles hacia el partido oficial, lo que molestó enormemente a Lombardo Toledano y su partido Laborista. Lombardo renuncia de la Escuela Nacional Preparatoria y al mismo tiempo renuncian Antonio Caso, rector de la Universidad y Pedro Henríquez Ureña director de la Escuela de Verano y Jefe del Departamento de Intercambio. Lombardo Toledano se retira temporalmente a Puebla a ejercer la gubernatura tras la caída de Froylán Manjarrez. La permanencia de Vasconcelos en la secretaría sería corta a partir de entonces. Tras la ascensión al poder de los callistas Vasconcelos renuncia a la política. El saldo universitario de esta ruptura fue desfavorable. La Universidad perdió en Henríquez Ureña un estilo de enseñanza que se alejaría de las aulas y no regresaría a México sino hasta la llegada de los exiliados españoles en 1939. Y con Vasconcelos se perdería la continuidad del único proyecto educativo original que se había construido en México.

Transcurrido un tiempo Vasconcelos se presentará como candidato a la presidencia hacia 1929. Tenía la esperanza de conjurar un movimiento que terminara con el maximato del mismo modo en que Madero había terminado con la dictadura porfirista. Sin embargo al final de los comicios, Vasconcelos cansado y rendido del nuevo orden institucional en México se exilia en los Estados Unidos y Europa; dedicándose a su obra filosófica y  de donde no volverá sino hasta 1942, cuando la segunda guerra mundial y la conciliación nacional del presidente Manuel Ávila Camacho  lo motivarán a regresar a México. Vasconcelos colaborará como profesor universitario, periodista y escritor. Vivirá sus últimos años al lado de sus ya distantes amigos del Ateneo.

Apéndice.

La nueva vanguardia y la historia.

Era hora de abrir paso a las nuevas generaciones, México seguía debatiendo en los recintos académicos fundados por los ateneístas las nuevas vanguardias europeas y la forma de anexarlas a la enseñanza de la metodología en las universidades. En el caso de México, Vasconcelos, Reyes y Caso continuarán su obra literaria-filosófica. Sin embargo, la llegada de los exiliados españoles a México servirá a la ciencia histórica para introducir nuevas corrientes de pensamiento y la apertura de nuevos debates. La irrupción de la historia rankeana, el marxismo y el pensamiento de la escuela de los annales se veía accidentada deficiente o mal estructurada.

Silvio Zavala fue el encargado de instaurar la historia rankeana mediante la introducción de su teoría y la traducción de sus obras. Zavala había estudiado y desarrollado esta doctrina en España bajo la tutela de Rafael Altamira. A su regreso en 1937, Zavala encuentra espacio en el Colegio de México y en el Fondo de Cultura Económica para instaurar esta vanguardia europea. Sin embargo el debate surgirá con una vanguardia de intelectuales opositores, encabezados por Edmundo O’Gorman. La critica de O’Gorman era acerca de instaurar el método cientificista tal cual bajo la inadecuada concepción de lo objetivo y lo subjetivo. Era una disputa acerca del enfoque del hecho histórico. La crítica del historicismo criticaba la perspectiva cientificista con el objetivo de que no llegara a monopolizar el método utilizado y a enseñarse en las nacientes instituciones mexicanas.

Los intelectuales que encabezaban el historicismo en México pedían un replanteamiento de la filosofía histórica llevada a cabo hasta ese momento en el país. Demandaban una revisión más integral y reflexiva del pasado histórico mexicano. Este escenario irá configurándose hasta la década de 1940. Muchas figuras se sumarán al debate histórico en México. Rafael Altamira, José Gaos, Ramón Iglesia, Leopoldo Zea, entre otros hasta llegar al año del debate entre los principales involucrados: O’Gorman y Zavala. Sin embargo en última instancia Zavala no asiste al debate. O’Gorman expone su teoría ante un auditorio de destacados intelectuales abriendo así la puerta a una nueva vanguardia pero esta vez en el campo de la historia, el historicismo.

Dos años después O’ Gorman publica Crisis y porvenir de la ciencia histórica en 1947 y su reflexión acerca de la búsqueda del método histórico ideal para las instituciones mexicanas. A medida que pasa el tiempo el historicismo se fortalecerá. Zavala continuará de igual forma su trabajo dentro del Colegio de México y el FCE. A final de cuentas dos corrientes de pensamiento se posicionarán en México ensombreciéndose un poco la corriente cientificista tras el debate historicista. O´Gorman continuará publicando obras y artículos. En ese sentido su deseo de incursionar en el ámbito intelectual con el objetivo de proponer esta reflexión histórica marcó un precedente que con el tiempo resulto no solo notable en México, sino necesaria. El legado historiográfico de O´Gorman al final de cuentas será un legado no solo para la historia de México, sino para la historia universal. En ese sentido la importancia de las vanguardias intelectuales es decisiva en la apertura de nuevas teorías del conocimiento no solo en la Historia, sino en todas las ciencias.

Bibliografía

José Joaquín Blanco; Se llamaba Vasconcelos. Una evocación crítica; FCE México 1983.

Juan Hernández Luna;  Conferencias del Ateneo de la Juventud; UNAM; México 1962.

Álvaro Matute; El ateneo de México; FCE; México 2000.

Abraham Moctezuma Franco; El camino de la historia hacia su institucionalización; Historia y Grafía núm. 25 UIA; México 2005.

Abraham Moctezuma Franco; El historicismo europeo y su influencia en el contexto mexicano; Graffylia año 3 no. 5, BUAP; México 2005.

José Emilio Pacheco; Alfonso Reyes y Bernardo Reyes. La sombra del guerrero; artículo, México 1989.

Martín Quirarte; Gabino Barreda, Justo Sierra y el Ateneo de la Juventud; UNAM; México 1970.


[1]Estas obras serían: Parentalia, Albores y Oración del 9 de febrero según José Emilio Pacheco; Alfonso Reyes y Bernardo Reyes. La sombra del guerrero; artículo, México 1989.

[2] Juan Hernández Luna;  Conferencias del Ateneo de la Juventud; UNAM; México 1962

[3] Referido por Vasconcelos en su obra Ulises Criollo. Juan Hernández, Op. Cit.

[4] José Joaquín Blanco; Se llamaba Vasconcelos. Una evocación crítica; FCE México 1983.

[5] José Joaquín Blanco; Op. Cit.

[6] Álvaro Matute; El ateneo de México; FCE; México 2000.

[7] Álvaro Matute; Op. Cit.

Acerca de eldolientedeHidalgo

Professor and Musician.
Esta entrada fue publicada en Uncategorized. Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s