La Economía de México después de la Segunda Guerra Mundial [1940-1958]

 

Introducción

Después de la segunda guerra mundial, se le presenta a México una oportunidad histórica para organizar un proyecto económico que le permitiera un crecimiento y desarrollo a largo plazo y en lo inmediato. Después del conflicto internacional, las grandes potencias, asoladas por el desgaste económico y de infraestructura social de la guerra, abrirán la puerta a una relación comercial favorable para las economías de América Latina.

Estos países que podían organizar una economía estable basada en la industrialización, no supieron aprovechar el escenario y a la larga la apertura comercial al mercado internacional lejos de redituarles un crecimiento económico, creó relaciones favorables solo para las potencias.

En el caso de México el proceso de industrialización se había frenado desde el Porfiriato debido a la Revolución Mexicana, que no heredó al país un gobierno estable y paz sino hasta 1920 con la llegada de Obregón al poder. Solo entonces México podía aspirar a un proyecto de industrialización basado en la agricultura. A pesar de las dificultades, y de la falta de inteligencia logística en los gobernantes para llevar a cabo esta transición del México rural al México urbano, el cardenismo había abierto la brecha para que al fin un último gobernante de la revolución diera paso a la transición de los gobiernos revolucionario a un México moderno.

La estabilidad política todavía era endeble; cuando Lázaro Cárdenas anunciaba que su sucesor sería Manuel Ávila Camacho, los últimos brotes insurreccionarios auguraban un nuevo levantamiento armado en manos del candidato opositor Juan Andrew Almazán. Finalmente, luego de retractarse de su conjura organizada desde Texas[1], Almazán regresa al país desertando de su proyecto político debido a los pocos seguidores con los que contaba. Esto propició darle continuidad política al camino que empezaba a recorrer el país.

Cárdenas estructuró un sistema político fuerte que hubiera podido llevar a México a recorrer grandes proyectos económicos, sin embargo la incertidumbre en el tema del petróleo (con EEUU e Inglaterra a raíz de la expropiación y el arreglo de las compensaciones), y la instauración real del PRM podía provocar problemas al recién iniciado sistema político mexicano. En ese sentido el segundo plan sexenal, y su promesa de elevar el nivel de vida de los mexicanos, incluida la clase obrera[2] , no sería cumplida por el gobierno ávilacamachista.

 

La Guerra y el Ávila-Camachismo.

1940-1946

Manuel Ávila Camacho nunca se distinguió por ser un militar reconocido; el rol que jugó en las últimas etapas de la revolución más bien fue el de oficial administrativo. Ávila Camacho participó en enfrentamientos en contra de la Convención de Aguascalientes en 1914. En 1919 conoció en la Huasteca al joven general Lázaro Cárdenas.[3]

Desde entonces fue su hombre de confianza y jefe de su estado mayor. Como su brazo derecho, adonde iba Cárdenas ahí estaba él; por la Huasteca, persiguiendo a Carranza, en Michoacán, salvando la vida del gobernador Francisco J. Múgica; por el Istmo, Jalisco y el Bajío.

En la guerra Cristera, a lo largo de la década de los veinte, Ávila Camacho jamás combatió a los ejércitos cristeros. Su estrategia era la conciliación. Persuadía a las fuerzas en pugna para que en los lugares bajo su jurisdicción hubiera paz y se impartiera misa a civiles y cristeros mientras el conflicto terminara.

Para 1939, con miras a la sucesión presidencial, Lázaro Cárdenas declara que su sucesor será precisamente Manuel Ávila Camacho, quien renuncia a la secretaría de la Defensa Nacional para su candidatura. Su decisión crea mucho desconcierto ya que su amigo; el político e ideólogo, Fco. J Múgica parecía la opción lógica para sucederle. Múgica, que había redactado el decreto de expropiación petrolera el 18 de marzo de 1938 para que Cárdenas hiciera el correspondiente discurso, era un político radical con ideas de izquierda, que si llegaba a la presidencia podía provocar reformas que llevarían a México por un accidentado camino políticamente hablando. En una época en que el mundo vivía la Segunda Guerra Mundial, y Estados Unidos presionaba a México para que dejara de ser neutral y colaborara con ellos; Lázaro Cárdenas pensó que lo más indicado para la sucesión era un hombre que pudiera conciliar a todos los actores en el país y se pudiera transitar en paz hacia la estabilidad política, económica, y; finalmente, hacer realidad uno de los tantos objetivos que parecían ya efímeros de la lejana Revolución: dejar la presidencia del país en manos de un civil. Al parecer esto último se había convertido en algo complicado.

Un primer indicio de la manufactura gubernamental de Ávila Camacho sería la presentación de su gabinete. Había cardenistas, callistas, y un nuevo grupo: los ávila-camachistas, entre los que destacaban el secretario de gobierno Miguel Alemán Valdés. El político veracruzano había coordinado la campaña política de Ávila Camacho en el PRM; y recién iniciado su mandato, fue enviado a EEUU para lograr el reconocimiento del nuevo gobierno en ese país[4].

La culminación de la política conciliadora ávilacamachista se daría el 15 de septiembre de 1942, día en que el presidente convocaría al Día de la Unidad Nacional, invitando a todos los ex-presidentes emanados de la revolución. Se reunieron con él en el zócalo de la ciudad de México: Adolfo de la Huerta,  Emilio Portes Gil,  Pascual Ortiz Rubio, Abelardo L. Rodríguez,  Lázaro Cárdenas y el ex-presidente exiliado Plutarco Elías Calles. Al parecer los viejos conflictos habían sido olvidados.

Hacia 1940 el presidente se declara católico creyente, esto iniciaría la conciliación del Estado con la iglesia, directamente con el arzobispo Luis Martínez. Después del conflicto cristero en el sexenio callista, las relaciones entre el estado y la iglesia eran endebles. Con este acercamiento del ejecutivo al clero el presidente se quitaba un problema menos de encima.

En cuanto a la política internacional México se había declarado neutral en la Segunda Guerra Mundial desde el sexenio cardenista; sin embargo había presión por parte de EEUU para que México se anexara a la facción aliada. Después del ataque japonés a Pearl Harbor, México rompió relaciones políticas y diplomáticas con los países del Eje y favoreció la unidad continental bajo la bandera del panamericanismo. El presidente tomó como primera medida de previsión la creación de la Región Militar del Pacífico, que reunía bajo un mando único; el de Lázaro Cárdenas, las zonas militares que iban desde Baja California hasta Chiapas.

El 13 de mayo el ataque y hundimiento a dos buques petroleros, Potrero del Llano y Faja de Oro (este último confiscado a Italia[5]) provocaron la incursión de México a la segunda Guerra Mundial. La muerte de todos los tripulantes causó gran indignación en la sociedad mexicana, que reclamaba el ingreso inmediato de México a la Guerra. El 22 de mayo de 1942, en una reunión de emergencia el presidente discutió con su gabinete la opción de declarar el estado de guerra a las potencias del Eje. El 23 de mayo México se involucra en la Segunda Guerra Mundial al lado de los países aliados. Era una decisión política, más que militar. Continuar con los planes sexenales y el proyecto económico legado por la Revolución y el Cardenismo en una estrecha relación con los Estados Unidos beneficiaría a México en el futuro.

A mediados de 1944 México envió a 233 hombres a la Guerra del Pacífico que sostenía Estados Unidos[6]. Eran los miembros del Escuadrón 201. Tras un entrenamiento en EEUU de capacitación en conocimientos de radar, mecánica y vuelo, partieron hacia Filipinas el 24 de julio de 1944. El escuadrón vio acción en Filipinas, Luzón y Formosa, ganándose el aprecio del general Mac Arthur y sufriendo tan solo 5 bajas[7]. La victoria de un contingente mexicano dentro de la alianza aliada centró la atención de los mexicanos en este conflicto. Al finalizar la guerra fueron recibidos  en medio de un festejo solemne en la capital, condecoración del presidente incluida.

Al término de la guerra EEUU inició una política de cooperación con México, el llamado panamericanismo, cuyos primeros aspectos de importancia fueron la reanudación de la compra por parte de los norteamericanos de plata suspendida desde la expropiación petrolera y  cancelar casi en su totalidad los intereses de la vieja deuda externa. Franklin Roosevelt se reunió con el presidente en Monterrey en 1943 en el marco de estas negociaciones.

La guerra introdujo a México en el contexto internacional; se acercó a América Latina y logró la relación bilateral con EEUU. Era el comienzo de una nueva era para México.

Ávila Camacho durante su sexenio ordenó la salida de todos los militares del PRM; en congruencia con su objetivo de lograr el tránsito de los gobiernos revolucionarios a un gobierno civil. En compensación a esto, el presidente construyó en terrenos donados por él, de su hacienda “La herradura”, el edificio sede del ejército y el Hospital Militar a demás de apoyar ampliamente a las escuelas militares de medicina e ingeniería, y otorgar grandes concesiones a militares. Ávila Camacho concretó lo iniciado por Calles y Cárdenas. Cambiar la política de las armas, por las armas de la política[8].

En la cuestión sindical, de mano de Vicente Lombardo Toledano y de Fidel Velázquez logró paz e importantes acuerdos con los obreros de la CTM.

En el sexenio de Ávila Camacho el partido de oposición, el partido Acción Nacional, logró por primera vez ocupar cuatro diputaciones en el congreso de la Unión. El partido fundado en 1939 por Manuel Gómez Morín, luego de un proyecto de 10 años de planeación tenía como objetivo la organización de un partido independiente que rompiera con la cuadrada estructura del PRM y sobreviviera en un escenario político adverso y que a la larga aspirara a conseguir el poder.

En los estados del occidente, los ecos de la guerra cristera se dejaron ver en el movimiento sinarquista, una organización armada apoyada por decenas de miles de campesinos cuyo objetivo era acabar con las tendencias ateas y comunistas. El movimiento encabezado por Salvador Abascal tomó Guadalajara y Morelia en 1941. El gobierno propuso una tregua y les fue cedida en Baja California la colonia María Auxiliadora. Incluso al final del sexenio Ávila Camacho le otorgó al movimiento sinarquista su registro como partido político[9].

En el otro extremo de ideologías políticas la presencia de grupos socialistas se encauzaron en el partido comunista mexicano, que a pesar de contar con muy pocos seguidores, figuras públicas de gran importancia se afiliaban a él, artistas como Diego Rivera, José Clemente Orozco y David Alfaro Siqueiros.

En la cuestión del campo solo recibió apoyo de irrigación y se disminuyó drásticamente el reparto agrario. El gobierno le negaba al campesino la propiedad de la tierra, que estaba a cargo de los comisarios ejidales. Estos comisarios intercambiaban favores a los campesinos a cambio de apoyo político para el partido oficial.

En cuanto a política económica, la consigna era la de fabricar en el país lo que se importaba. El famoso modelo de sustitución de importaciones. Se impulsó la industrialización, el México rural debía ahora transformarse. Para esto se desarrollaron empresas como Altos Hornos, Hojalata y Lámina, Cementos Anáhuac, la compañía de techos y asbestos Eureka. El sector industrial creó a la CANACINTRA.

En el aspecto social un logro más de Ávila Camacho fue la fundación del Seguro Social. Al final de su sexenio funcionaban ya dos clínicas. El instituto nacional de cardiología (fundado por Ignacio Chávez en 1944) y el de nutrición (fundado en 1946 por Salvador Zubirán). Y el hospital infantil creado en 1942 por Gustavo Baz.

Finalmente en el campo de la ciencia, se funda bajo el mando de Luis Enrique Erro el observatorio astronómico de Tonantzintla. En el ámbito privado se fundan también en el sexenio Ávila-camachista el instituto tecnológico de Monterrey y la Universidad Iberoamericana.

En cuanto a la cuestión petrolera, entrado el gobierno ávilacamachista, el ex presidente Emilio Portes Gil inició conversaciones secretas con las compañías petroleras norteamericanas a fin de negociar el pago de las compensaciones, la situación quedó resuelta y quedo pendiente solamente el arreglo con la compañía inglesa El Águila[10]. El arreglo con los EEUU incluía una reforma al artículo 27 que se publicó el 18 de junio de 1941; en la que se abría paso a la concesión de “contratos riesgo” a inversionistas extranjeros en la exploración y explotación de pozos petroleros[11], prohibidos por la ley hasta ese entonces.

El arreglo con la compañía el Águila fue incluso peor en el sexenio alemanista, ya que México se comprometió a pagar los intereses de la indemnización de 1938 a 1948 cuando en realidad la compañía inglesa era la culpable de no llegar a un arreglo en ese período. El entreguismo a cambio de la satisfacción de intereses corrompió a México en el sexenio posterior.

En noviembre de 1946, Ávila Camacho declara que Miguel Alemán será su sucesor. Tras este nombramiento, Daniel Cosío Villegas anuncia la muerte de la revolución en su ensayo “La crisis de México”[12].

El sexenio alemanista abre una profunda crisis de corrupción y enriquecimiento ilícito en los funcionarios de gobierno. La paz heredada de la posrevolución dejó un escenario libre en la gobernabilidad del país. Lejos de llevar al desarrollo del país mediante un organizado plan industrial, Alemán permitió exageradas inversiones norteamericanas que no colaboraban en el fortalecimiento del mercado interno. Aun cuando la agricultura siguió siendo el soporte económico de esta industrialización durante la década de los cuarenta y cincuenta, el crecimiento vino disminuyendo en un estado preocupante hasta la década de 1960, precipitándose en una crisis para la década de los setenta.[13]

Aún así, en México el crecimiento económico nunca fue menor que el crecimiento poblacional, como en algunos países de América Latina, donde esta situación provocó otro tipo de problemas que México no llegó a vivir en este período. Al final, el freno al impulso de las políticas económicas sociales iniciadas por Cárdenas, y el desentendimiento del segundo plan sexenal obedeciendo más a intereses privados provocó en el sexenio ávilacamachista un mal inicio en el programa de desarrollo de la economía de la posguerra en México. Quizá un gobierno diferente hubiera heredado un mejor escenario para los gobiernos del México de los setenta. Pareciera que la utopía cardenista de un país con tendencias socialistas tendría que desvanecerse en el México posrevolucionario.

 

Miguel Alemán [Alí Babá y los cuarenta ladrones]

1946-1952

La llegada de Miguel Alemán cerraba un ciclo dentro del México posrevolucionario. La era de los generales terminaba abriéndole paso al primer presidente civil, que abanderaría ahora una revolución institucional. Este nuevo ciclo dentro del presidencialismo se vio opacado debido a la mala administración, a la falta de un proyecto serio de crecimiento económico y las constantes denuncias de enriquecimiento ilícito que se hacían en contra de los funcionarios y del presidente durante y después del sexenio.  Desde el principio de su mandato, Alemán quiso concentrar el poder del ejecutivo de manera exagerada. Quitaba gobernadores a fin de configurarse un escenario político favorable. Restringía a las municipalidades con el mismo objetivo. El congreso y la suprema corte trabajaban a la sombra del presidente. Alemán fue el primer presidente en llegar al poder a través del PRI. Así durante su mandato, se iniciaría la manipulación de las elecciones y la maquinaría política que iría creciendo y acaparando todo el escenario político de México no solo en la posrevolución, sino durante muchos años más. Durante su gobierno se reformó el artículo 27 para garantizar la propiedad de la tierra y así evitar expropiaciones. Esto causó el descontento de Cárdenas sin embargo la reforma se aprobó. Se dio un enorme impulso al campo, mediante créditos, y repartición de tierras. Sin embargo, la corrupción de los funcionarios provocó que estos se apropiaran de estos apoyos y tierras que le pertenecían a la gente del campo. La inversión comercial e industrial de México fue enorme, pero a falta de un plan organizado de crecimiento demográfico y económico este crecimiento fue superfluo y más que crecimiento podría considerarse un desarrollo insostenible; como la espuma que en instantes todo lo abarca y en instantes desaparece. En ese sentido el testamento económico y político de Miguel Alemán fue un desfavorable panorama industrial y una crisis en el abandono del campo en cuanto a producción y reforma agraria (tenencia de la tierra, estructuras ejidales etc.)que puso en serios problemas la situación económica durante el sexenio de Ruíz Cortines.

El presidente concentró numerosas fábricas y empresas en la ciudad de México. Empresas hoteleras y turísticas, aeronáuticas, telefónicas, de construcción, urbanísticas,  de siderurgia, de tuberías, televisivas, y demás. Así mismo se construyó una gran cantidad de infraestructura en el terreno del transporte. Once mil kilómetros en carreteras e importantes obras ferrocarrileras.

En la ciudad de México se dio un gran impulso en infraestructura, se inauguraron avenidas y las primera vías rápidas. En un afán de llenar expectativas en las clases populares, se construyó el primer conjunto habitacional del país; al mismo tiempo que se construyó la colonia  residencial Jardines del Pedregal de San Ángel con miras a satisfacer a las clases privilegiadas. Sin embargo, su obra más importante. La que sería a la postre su monumento presidencial, sería la ciudad universitaria. Construido sobre un terreno volcánico ubicado en el Pedregal, involucró a varios arquitectos y la construcción de varios edificios, como la Biblioteca Central, el Pabellón de Rayos Cósmicos y el estadio. El costo fue de 25 millones de dólares.

Dejando entrever su frívola personalidad; el turismo se volvió una actividad prioritaria para el presidente. Alemán revolucionó Acapulco. Construyó el aeropuerto y urbanizó (al parecer abusando de los campesinos[14]) la zona. Acapulco se llenó de modernos hoteles y de turistas.

En 1947, Truman visitó México, era la primera vez que un presidente norteamericano visitaba México. Alemán invitó a Estados Unidos a invertir en México.

Finalmente, cerrando el sexenio, hacia 1952 se inauguraba la ciudad universitaria. Todo México apoyaba al presidente. Al fin un universitario ocupaba la presidencia; había paz, progreso y crecimiento económico (aunque solo beneficiara a unos cuantos). En el marco de su propia vanagloria, desde 1951 el presidente Alemán incluso pensó en reelegirse. Sin embargo los generales revolucionarios Cándido Aguilar y Lázaro Cárdenas lo disuadieron completamente de eso[15]. Aún pensando en conservar algo del poder presidencial mediante algún protegido, fue Cárdenas quien finalmente desbancó las intenciones del presidente y seleccionó al sucesor[16]. Adolfo Ruíz Cortines, secretario de gobernación, sería ahora el presidente de México.

 

 

 

 

 

 

Adolfo Ruíz Cortines [el incansable servidor público]

1952-1958

Adolfo Ruíz Cortines pertenecía a la generación de la revolución mexicana. Al igual que Cárdenas y Ávila Camacho, Ruíz Cortines solo vivió la fase final de la revolución armada. De 1915 a 1920 estuvo dentro del ejército ocupando cargos militares y administrativos. Para Cárdenas, el momento cumbre de la revolución que le tocó vivir fue la persecución del tren presidencial de Carranza en la sierra poblana bajo órdenes de Obregón en 1920. Para Ávila Camacho, los combates en contra de los convencionistas en 1914 y la guerra cristera en 1929. Y para Ruíz Cortines combatir a las tropas villista y presenciar la batalla de El Ébano en 1915. Así como escoltar el tesoro nacional abandonado por el tren presidencial de Carranza en Aljibes Puebla, en 1920.

Así pues al final de la revolución armada, el mayor Adolfo Ruíz Cortines renunció al ejército al poco tiempo y trabajó en el Departamento de Estadística Nacional hasta 1935. En su juventud había aprendido algo de contaduría y parece ser que la administración pública le agradaba. A la edad de 45 años llegó a ser oficial mayor del Departamento del Distrito Federal. En 1937 se mantuvo cerca del presidente dirigiendo el comité pro-Ávila Camacho. Después regresó a la secretaria de gobernación de su estado, Veracruz, con miras a vigilar la mala gubernatura ejercida por Casas Alemán. Para 1944 alcanzó la gubernatura de Veracruz; era honesto y buen político. Su fama de buen administrador empezaba a cobrar fuerza. Finalmente con el visto bueno de Cárdenas fue elegido candidato oficial del PRI a la presidencia. Adolfo Ruíz Cortines gobernaría México de 1952 a 1958.

El primero de diciembre de 1952, Adolfo Ruíz Cortines rompió con el protocolo presidencial. En la toma de posesión normalmente el presidente entrante resaltaba los aspectos positivos del régimen anterior. Pero ese día, Ruíz Cortines dejó ver un discurso que criticaba la apoteosis alemanista. Defendió los principios revolucionarios y las leyes del Estado; incluso de ser infringidos por funcionarios públicos (mientras señalaba enérgico con su índice al expresidente). Algunos testimonios señalan que a partir de ese momento, Alemán odió a Ruíz Cortines[17].

Desde el principio su gobierno fue austero. El presidente era un hombre honesto y predicaba con el ejemplo. Su mandato presidencial se veía como el de un buen administrador. Poner orden al país, descubrir sus alcances y limitaciones, asignar planes y tareas y verificar a su personal. Los primeros dos años habían resultado promisorios, y en el momento de actuar tuvo que afrontar la crisis económica ocasionada por la aceleración económica alemanista. Tuvo que devaluar el peso de 8.50 a 12.50 por dólar[18]. Se pensaba que el tipo de cambio ahora estaba sub-valuado, pero concluyó que debido al proceso de recuperación económica, no quería devaluar el peso a cada rato en su sexenio. Al final el tiempo le dio la razón; el peso no volvió a devaluarse sino hasta 1976.

Conciliada la situación monetaria su primer proyecto para impulsar el desarrollo económico fue su plan “Marcha al mar” el cual consistía en aprovechar los grandes litorales de México para redistribuir la demografía nacional aprovechando todos los recursos económicos de los puertos.

En el ramo social impulsó el crecimiento del IMSS y de la CEIMSA[19] (organismo de abasto gubernamental que antecedió a la CONASUPO)

 

 

 

Como administrador, se aumentaron los salarios reales de los trabajadores y se logró financiar obras petroleras sin contraer deuda externa[20]. Se esforzó por alfabetizar a la población e impulsó una campaña en contra del paludismo que causaba estragos en la época.

El 9 de diciembre de 1952, Ruíz Cortines envió su propuesta para terminar con el trámite legislativo congelado desde 1937 y así permitir el voto a las mujeres. Ruíz Cortines se ganó el respeto de los gobernadores alemanistas. Negoció favorablemente con la iglesia y con los sindicatos de trabajadores. Fortaleció el sistema político mexicano y su investidura presidencial aunada al buen clima político que él mismo propició concentró un enorme poder en la figura del presidente. Al final Ruíz Cortines legó un mandato ejemplar política y económicamente. En la transición presidencial eligió a Adolfo López Mateos; Secretario de Trabajo. Era un buen funcionario, y era de la aceptación del grupo revolucionario. Adolfo Ruíz Cortines dejaba de ser presidente en 1958.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Bibliografía

 

 

Alfonso Taracena; La vida en México bajo Ávila Camacho”; Ed. Jus; México 1967.

 

Lorenzo Meyer; “La encrucijada”, en Historia General de México, t. 4; El Colegio de México(ed.); México 1976

 

M.S. Alperovich et. Al.; Ensayos de Historia de México; Ediciones de Cultura Popular; México 1977.

 

Juan José Rodríguez Prats;  “El poder presidencial. Adolfo Ruiz Cortines”; Estudios  Introductorios. México 1989.              

 

Enrique Krauze, La presidencia Imperial; Editorial Tusquets; México 1997

 

Andrés Manuel López Obrador; La gran tentación. El petróleo de México; Ed. Grijalbo; México 2008.

 

 

 

 

 

 

 

 


[1] S.I. Semionov. México durante el período de Ávila Camacho.

En: M.S. Alperovich et. Al.; Ensayos de Historia de México; Ediciones de Cultura Popular; México 1977

[2]S.I. Semionov. Op. Cit.

[3] Enrique Krauze, La presidencia Imperial; Editorial Tusquets; México 1997

[4]S.I. Semionov. Op. Cit.

[5] Enrique Krauze; op. Cit.

[6] Enrique Krauze; op. Cit.

[7] Enrique Krauze; op. Cit.

[8] Enrique Krauze; op. Cit.

[9] Enrique Krauze; op. Cit.

[10]S.I. Semionov. Op. Cit.

[11]Andrés Manuel López Obrador; La gran tentación. El petróleo de México; México 2008.

[12] Enrique Krauze; op. Cit.

[13] Lorenzo Meyer;”La encrucijada”, en Historia General de México, t. 4; El Colegio de México(ed.); México 1976.

[14] Enrique Krauze; op. Cit.

[15] Enrique Krauze; op. Cit

[16]Enrique Krauze; op. Cit

[17]Enrique Krauze; op. Cit.

[18]Lorenzo Meyer; óp. Cit.

[19]Enrique Krauze; óp. Cit.

[20]Andrés Manuel López Obrador; óp. Cit.

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